NO ME GUSTA TENER QUE ENFRENTARME, DESPEDIRME, DESPRENDERME; MADURAR.”
Me gusta creer que los milagros existen, que las personas pueden cambiar; que el karma no es mito, es justicia divina y que hay algo más grande. No importa si le dicen Dios, Yahvé o Allah. Me gusta creer que desde el cielo me mira mi abuelo y me cuida, que existe el destino, que por algo pasan las cosas y que también por algo suelen terminar. Cuando me siento perdida busco siempre “señales” que me digan que hacer: pido consejos, le rezo a un Dios –que la mayoría del tiempo tengo olvidado–, me leo el café, los sueños, las cartas, la mano y trato de hacer contacto psíquico con mi perro cuando el corazón ya está desesperado. Hago de todo con tal de que alguien que no sea yo me dé las respuestas que busco.
No me gusta tomar decisiones, asumir consecuencias. No me gusta tener que enfrentarme, despedirme, desprenderme; madurar. Yo solía ser de las que optaban por quedarse en cama llorando amargamente en posición fetal culpando al mundo entero de mis desgracias, mi tristeza y mi suerte. Eso no me llevó a ningún lugar. Me costó trabajo aprender que en mi caso no “fue el Estado”, ni Calderón, ni Peña Nieto; era yo en mi zona de confort doliéndome por no querer pronunciar la verdad: de lo que sentía, yo tenía la responsabilidad.
Somos nuestros peores enemigos en tiempos de crisis y no nos culpo; el papel de víctima es tan cómodo que ni notamos cuando lo traemos puesto. Responsabilizarse por lo que sentimos es un acto muy valiente por el dolor que a veces representa tener que asumir el daño que nos hemos causado, lo poco que nos valoramos y la facilidad con la que preferi- mos por sobre la verdad, el autoengaño.
Ojalá cuidáramos de nosotros tanto como lo hacemos de las personas a las que queremos. Lo más irónico es que en el fondo siempre conocemos la respuesta correcta. Sabe- mos qué hacer, lo difícil es hacerlo y esa es una guerra que se pelea solo. Si de algo les sirve yo lo logré confiando en mi misma. No se tengan miedo, somos más fuertes de lo que creemos y por el reencuentro con nosotros mismos vale la pena pelear esa batalla aun en ejércitos de uno.
FERNANDA SORIA C.
maria.soriacs@udlap.mx
NO ME GUSTA TENER QUE ENFRENTARME, DESPEDIRME, DESPRENDERME; MADURAR.”