NO QUIERO TU PIROPO, QUIERO TU RESPETO

laEsquinaFeministas

LA CULTURA QUE PERMITE EL ACOSO CALLEJERO ES LA MISMA QUE PERMITE EL ACOSO EN EL TRABAJO Y EL FAMOSO DATE-RAPE.”

 Son muy pocas las mujeres que conozco que no han experimentado el acoso callejero. Es común caminar por la calle, y que de pronto un sujeto te “piropeé”. Estos “piropos” van desde un “inofensivo” silbido o pitido, hasta gritar de groserías o peor aún, seguir a la mujer en cuestión por varias cuadras. Esta situación, fuera de halagarnos, nos falta al respeto y en ocasiones nos asusta.

No es cuestión de cómo te vistas, (te acosan igual si vas en jeans o minifalda y de cualquier manera esto no debería ser un factor) se trata de un “cumplido” no solicitado. No tenemos ganas de que un desconocido nos grite tonterías, en primer lugar porque es una falta de respeto y adicionalmente porque seguro no es el primero ni el último que nos hará sentir incómodas ese día.

El mayor problema cuando alguien nos pita o grita en la calle, es no saber si es sólo otro fastidioso más, o si planea seguirnos y llevar el acoso a otro nivel. Lo que es más frustrante es que cuando esto ocurre no hay manera de responder: si le gritas a él, puede que enfurezca o tenga otro tipo de reacción impredecible y siendo sinceros la gente no ayuda.

La cultura que permite el acoso callejero es la misma que permite el acoso en el trabajo y el famoso date-rape (emborrachar o drogar a chicas en las fiestas para luego violarlas). Es la misma cultura que le hace pensar a los chicos que es nuestra obligación bailar con ellos en las fiestas y nunca negarles nada; de no ser así debe haber consecuencias. En Guanajuato el octubre pasado por ejemplo, un hombre apuñaló a su exnovia porque esta se negó a bailar con él.

No quiero generalizar, ni decir que todos los hombres son malos o violentos, simplemente es importante reconocer que muchos piensan erróneamente, no sólo que estas actitudes son correctas, sino que además tienen el derecho a recibir algo de parte de nosotras: una reacción positiva, una sonrisa, una plática, lo que sea.

La realidad es que nosotras no les debemos nada. Cuando salimos a la calle, arregladas o no, no es para complacerlos, mucho menos para conquistarlos; es simplemente porque quisimos hacerlo así. No esperamos comentarios al respecto, no nos halagan. Tiene que quedar muy claro que si no nos gusta, o no nos cae bien la persona o simplemente no queremos aceptar ese “halago”, no le debemos a nadie una disculpa y tenemos todo el derecho de reclamar. No significa no, y NO: yo no quiero tu piropo.

REBECA RUIZ

rebeca.ruizml@udlap.mx