¿De qué tiene antojo la vecinita?

cafeina-01Me considero una analfabeta de las dinámicas sociales “silenciosas”. En la primaria nos dijeron que si un niño te molesta es porque le gustas, que ignorarlo, es la mejor forma de llamar su atención, que si un hombre te deja se le llora 3 días y al 4to. se olvida y que a las mujeres “ni todo el dinero ni todo el amor”. Pero eso ¿qué demonios significa? Les confieso que reprobé una y otra vez la clase de “el cortejo en el siglo XXI” (que aún hoy, sigo sin acreditar). Nunca supe traducir las indirectas de los hombres, entender los dobles sentidos, leer las miradas, los gestos, las mentes. No entiendo lo que un hombre quiere decir cuando me ignora, ni el aparente significado de que le dé like a mi foto. No concibo la “lógica” que hay detrás del “si no me escribe no le escribo”, ni el timing de cajón que debe existir entre un mensaje de WhatsApp y el siguiente, nunca supe aplicar el dicho de “para cabrón, cabrona y media” y heme aquí… soltera.

Los mensajes subliminables entre hombre y mujeres me impresionan. Creo que es un lenguaje de infinitas señales al que evidentemente nunca me introdujeron. Los hay para tener algo “casual”, darse a desear, rechazar, friendzonear, intimidar, llamar la atención, hacer enojar, provocar celos o para darte a entender que te quieren “bien” y para “algo serio”. Si sales con alguien por más de tres meses sin formalizar, te están viendo la cara; si la quieres para algo formal , muestra interés pero no demasiado; si tienes un “cogiamigo”, NO TE ENAMORES; si te agarraste con alguien ayer en el antro no esperes que hoy te marque y si tu ex de hace 2 semanas tiene nueva novia es porque sigue ardido. Tantas reglas que aprender y tan poco tiempo para hacerlo.

Mi mamá dice que el cortejo de mi época ha perdido todo el romanticismo shakesperiano de la suya. Supongo que en parte tiene razón, aunque tanto ella como yo no logremos entender la complejidad de lo que eso representa junto con toda la gama las herramientas virtuales que lo acompañan: Facebook, Grindr, Tinder, Twitter etc.

No creo que sea banal la manera en que hoy nos comunicamos rogando porque entiendan “me gustas” en el complicadísimo lenguaje secreto del cortejo de este siglo, ni creo hayamos caído en la promiscuidad absoluta olvidando el romance que hay detrás. Lo que si creo es que en la medida en que se vuelve más difícil de interpretar, mayor es mi tasa de fracaso en el amor. Sólo espero que el reguetón no se convierta jamás en la nueva poesía: no quiero ser la vecinita que tiene antojo y mucho menos “pararle el taxi” al amor de mi vida.

FERNANDA SORIA C.

maria.soriacs@udlap.mx