El tamaño no importa

oidosSordosEsta semana, me encontré con una situación no del todo nueva, pero no por eso menos humillante. Después de utilizar los proyectos y tareas de la universidad para evitar el gimnasio por más de un mes, finalmente regresé con toda la intención de entrenar fuertísimo: sólo para que la entrenadora me mandara utilizar las pesas más pequeñas posibles. De verdad, eran diminutas. “Pesas de niña”.

El alma se me cayó a los pies, pensando que estaba siendo subestimada, que me estaba diciendo debilucha. Hay pocas cosas que encuentre más deprimentes que utilizar dos mancuernas que parecen juguetes, mientras todo el mundo a mi alrededor parece salido de una película de acción. Me pareció injusto e inútil.

No podía haber estado más equivocada. Después de los primeros veinte minutos, a duras penas podía respirar. Los ejercicios que me habían mandado a hacer parecían simples a primera vista, pero al concentrarme en hacerlos con la mejor técnica posible —para demostrarle a la entrenadora que se había equivocado conmigo— descubrí que eran mucho más demandantes para mi cuerpo de lo que había anticipado. Al final, pesas bebés o no, acabé agotada y adolorida.

Lo verdaderamente interesante de todo esto no es mi falta de condición física, sino que estoy convencida de que no es la primera vez que me encuentro con una situación así. Sobretodo ahora, que estamos en proyectos finales, es sencillo frustrase cuando sientes que no se te está confiando suficiente, que se te subestima con tareas pequeñas o irrelevantes. Sin embargo, el problema no es el tamaño de la tarea, sino nuestra falta de disposición. Ninguna tarea es pequeña o inútil cuando das tu 100%.

No sé si mi nueva epifanía con las pesas del gimnasio signifique que vaya a cambiar mi perspectiva entera sobre la vida, o al menos ponerme en forma, pero sería buena idea mantenerlo en mente durante lo que queda de clases: hasta las cosas más pequeñas pueden hacer la diferencia al final.

SOFÍA MARLASCA C.

sofia.marlascach@udlap.mx