hay que reconocer que el camino a querer nuestro cuerpo es complicado.”
Había una vez una niña pequeña que pensaba que era la más bonita del mundo: ¿pues cómo no?, era una bebé y todos los adultos a su alrededor admiraban sus cachetitos y sus ojitos. Pero luego, la niña creció y se dio cuenta que para ser bonita se necesitaba más que cachetitos y ojitos: tienes que ser alta pero no más que los chicos, delgada pero no hecha un palo, tienes que tener cara de adulta pero tez de bebé… la lista es interminable.
No creo que ésta sea solamente la historia de mi vida, sé que muchas mujeres tienen una lucha interna por querer encajar en los estándares sociales que dictan lo que hace a una mujer “bella”. Es imposible escapar a las imágenes de mujeres aparentemente “perfectas” que nos observan desde las revistas, la televisión y el internet.
Estoy muy consciente de que la imagen que me vende la sociedad de belleza es sólo una construcción abstracta y aún si la alcanzo, no hay garantía de que me vaya a sentir mejor conmigo misma. Sin embargo, aún hoy me es imposible no caer presa en ese círculo vicioso de verme en el espejo y escoger las facciones más desfavorables de mi cuerpo.
Es algo absurdo, porque incluso las modelos más guapas del mundo pueden sentirse acomplejadas –de hecho, según han mencionado algunas–, es más difícil para ellas quererse a sí mismas, ya que su carrera depende de la “perfección” de su cuerpo. Y en contraste, es posible observar a personas que desafían el estereotipo de belleza simplemente teniendo confianza en sí mismas y una actitud inigualable.
Hay que reconocer que el camino a querer nuestros cuerpos es complicado (aún con la presión social aparentemente invisible a la que nos enfrentamos día a día). Sin embargo, es un camino que se puede sobrellevar, en mi experiencia, rodeándote de pensamientos y personas positivas. Mi camino no está completo aún, pero por lo menos puedo decidir que mi belleza, o falta de ella, no me define.
REBECA RUIZ
rebeca.ruizml@udlap.mx
