Los ojos del Templo

Hay personas que son los ojos y oídos de la Universidad, gente que lleva tanto tiempo aquí que lleva guardadas todas las historias de la UDLAP. El utilero de los Aztecas, Antonio López Martínez, mejor conocido como “Puño”, es uno de esos personajes que ha visto los momentos más emocionantes de los equipos deportivos. Más de un cuarto de siglo en el campo respalda sus experiencias.

El Templo del Dolor vacío no sólo huele a pasto recién cortado, también en él flota el aire de las victorias: desde la primer semana de la temporada del año pasado, los Aztecas no han perdido en casa. A la hora indicada, Puño aparece vestido con una sudadera negra con el logo del equipo, juega con un balón de football americano, pasando el ovoide de mano en mano.

Se sienta en las gradas cómodamente, esperando, ansioso, la primera pregunta. Dice que no ha comido por estar ocupado con el trabajo. Pronto, empieza a hablar de éste: “Diario tengo momentos felices. Cuando entro al campo con los Aztecas ya se vuelve diversión, ya no es trabajo. Yo nada más estoy viendo a qué hora voy al campo para ya estar ahí”.

Puño llegó a prueba hace más de medio siglo a la Universidad y él se ha convertido en parte de ella. Su familia es feliz de que él siga colaborando en la institución. «Cuando no vengo, me aburro», expresa hablando de lo importante que es el trabajo en su vida.

“El trabajo, para mí no es trabajo. Si no vengo, me aburro”, dice el utilero mientras sonríe. Habla rápido, tanto, que tropieza con sus palabras al expresar la emoción que le causa el equipo.

Puño recuerda sus primeros días en la Universidad mirando al cielo: “Mire, cuando yo llegué, eran bien poquitos estudiantes, el equipo empezaba”, rememora, “Los cambios me sorprenden. Antes el campo no era nada, era tierra, no había árboles, no estaba el edificio del gimnasio, ni la pista. ¡No había nada! Había una calle en donde pasaban carretas, ahora toda la calle está llena de negocios”.

Su mirada se concentra en el campo, como si imaginara a todos los estudiantes que han estado ahí, que ha conocido y con los que ha bromeado: “Lo que más feliz me hace es entrar al campo. Porque me llevo bien con todo mundo: los jugadores y los entrenadores”, confiesa.

El utilero dice admirar a todos los Aztecas y tener gusto por ver a la mayor parte del equipo becado, pues cuando empezó a trabajar casi no había becas. El tono de su voz se vuelve más alegre cuando habla del orgullo que siente por pertenecer a la Universidad.

No le basta con declarar que “los Aztecas ya somos lo máximo que hay”, también agrega que “los Aztecas son diferentes en todo. En cómo entrenan, cómo viven; se llevan muy bien entre ellos. Hay veces en que se ven comiendo en la misma mesa uno de Cancún con uno de Tijuana, otro de Puebla y otro del DF. Son muy unidos”.

Deja pasar un silencio para decir que fuera de los Aztecas, ama ver el futbol los domingos, para él, no hay equipo que supere a las Chivas del Guadalajara. Sólo tiene este lapsus antes de continuar contando lo mucho que aprecia a la Universidad.

El utilero también admite que a la afición de los Aztecas le falta potencia y que en otras instituciones hay mayor nivel de fanatismo. A la par, considera que la afición se ha incrementado con el paso del tiempo: «ahora ya hay niños, por ejemplo», complementa al referirse a los partidos sabatinos.

Pasan los minutos y Puño sigue jugando con el balón, sus ojos se entrecierran al contar sus experiencias, como su admiración al primer Head Coach de los Aztecas en Cholula: Leonardo Luján, quien llevó al equipo a su primer tricampeonato en los noventas. Para el utilero, que considera al grupo como parte de su familia, no ha habido orgullo y alegría más grande que haber estado el día que se consiguió aquel logro.

Aunque su voz tiembla de vez en vez, sus declaraciones no: “No hay duda de que ganaremos el tricampeonato. La verdad, no trabajaría en otro lado, de aquí ya me retiro y no voy a trabajar”, sentencia finalmente, levantándose de la grada y caminando a pasos largos y decididos hacia el campo.

JENNIFER MC NAMARA G.

jennifer.mcnamarags@udlap.mx