Viviendo como los “grandes”

delaboca

Dicen por ahí que la madurez no viene con la edad. Hay cosas que conforme las vivimos, nos sorprendemos a nosotros mismos por lo que somos capaces de hacer. Es probable que en algún momento de su vida, alguien les haya comentado que ciertas manías o expresiones suyas son parecidos a las de sus padres o alguno de sus familiares, pero nosotros no lo notamos porque es algo que traemos desde niños.

Es común que de pequeños lo único que queríamos era crecer para disfrutar de la vida de “grandes”. Teníamos la ilusión de hacer lo que hasta entonces no podíamos y vivir sin reglas o al menos esa parecía la idea; mas cuando llega el momento y por cualquier motivo nos vivir solos, nos preguntamos ¿esto es la vida de “grande”? se supone que no habría reglas, que nadie nos obligaría a lavar los platos, recoger nuestra habitación, o incluso pasar días sin visitar la regadera por flojera…

A pesar de que podríamos pasar los primeros meses intentando vivir bajo los ideales de cuando éramos niños –durmiendo hasta que volviera a anochecer o vivírnosla en internet– la realidad nos alcanza. Ésta, lentamente nos demuestra que no importa cuanto lo intentemos eventualmente terminaremos limpiando lo que este sucio y acomodando lo que no esté en su lugar. Las libertades tienen un limite.

Así es, cuando menos nos damos cuenta, nos convertimos en las enseñanzas y regaños de nuestros padres, incluso a la hora de lavar platos usamos el jabón que compraban en casa, las fiestas diarias hasta el día siguiente nos matan y aplazar lavar la ropa nunca será una buena idea; es justo ahí, en ese momento, que entendemos porque dicen que somos iguales a ellos.

Pero no teman, no todo está perdido: parecerse a ellos no quiere decir que no podamos inventar nuestras propias reglas y escoger cuándo, como y a qué hora haces las cosas. Eso es libertad.

ANDREA CINTA S.

andrea.cintasz@udlap.mx