“El hermoso consuelo de encontrar el mundo en un alma, de abrazara mi especie en una criatura amiga”. Hölderlin
Los ídolos son algo que los seres humanos hemos creado desde nuestros inicios. Como dice Sabato, “el ser humano no podría sobrevivir sin héroes, santos y mártires”. Yo me alegro de poder decir que he conocido, dentro de mi Top Five de ídolos, a dos: Chumel Torres y Jennifer McNamara.
Porque seamos honestos, encontrar a una persona igual de acomplejada (o proporcionalmente acomplejada) que yo, igual de hipster, con quien pueda ir a comer pizza de la nada, para terminar hablando de pornografía, política, chamba, trova, mi fetiche por Blancanieves o la controversial duración de una atulencia (“ atulencia”, para que no me asteriqueen), mientras mágicamente aparecen tapas y brownies con helado, es razón de idolatría. Sobre todo, es de idolatrar una persona que esté ahí para enseñarme la primera parte de mi carrera periodística, por darle inicio y haber dicho: “Ése wey escribe chido. Lo quiero.”
Ahora, después de nueve semestres, se me jubila la jefa. No sé a dónde se me va, si a Reforma, a los dominios de Trump o al Recalentado –brincos diera yo–, aún así extrañaré el caminar sombrío por las tierras de Mordor (Negocios) y escuchar un maullido comparable con una bella águila gigante. Extrañaré a esa madre adoptiva que me lleve al trabajo y a cenar después.
Así funciona esto de vivir, de llegar a nuevas etapas. Uno en- cuentra personas, encuentra personas lacras y encuentra personas hermosas. Muchas veces no hace falta nada más que un hola o un maullido para toparte con personas por las cuales socializar valga la pena (sí, soy la persona más misántropa del planeta).
Quién sabe, quizá dentro de siete semestres llegue a la universidad una niña hipster con delirios de grandeza, esperando ser reclutada por mí. Puede que ella me empiece a poner apodos, que yo empiece a sentirme viejo, que me gradué y el ciclo vuelva a empezar.
Listo, acabé por hoy. Ya mañana podré volver a escribir mal y tener delirios de grandeza. Hoy quise ser un buen achichincle.
Por ahora, mamá, madre superiora, McCarthy’s, Jenny y demás, sólo puedo darte un muy afectuoso Meow.
ERIC H. CETINA
eric.centinakn@udlap.mx
@ecetina1