NOVIAS PSICÓPATAS – PARTE 2

cafeina-01

Todas las historias tienen dos versiones y creo que es justo darles su espacio y su voz a las novias dementes. Después de todo, yo también fui una de ellas y en su momento creí –y a ratos sigo creyendo– que mi comportamiento tenía una justificación válida; básicamente mi mente me decía: “ tu novio se está pasando de pen**jo” y casi en automático… me convertía en Godzilla. Me gustaría aclarar que mi versión de novia demente no incluía dramas en público, exacerbados berrinches, ni confrontaciones con la mujer en cuestión; yo optaba por la versión victimizada de la novia psicópata: “mal viajes” mentales, indirectas vía redes sociales y llorar a mares con quien fuera, amigas, novios de mis amigas, lectores de mi columna, el wey que conocía en el antro, el cadenero, mi mamá, el vecino, el portero y mi perro. Hablaba de él todo el tiempo con la esperanza de que alguien calmara mi miedo y me diera la razón, yo era “la indefensa víctima” y él, “el insensible ca**ón”.

Cualquiera supondría que de verdad estaba loca, que inventaba las cosas de la nada y que no había motivos su cientes para creerme engañada pero en la mente de toda novia, cualquier motivo es más que su ciente; el truco está aquí: las mujeres no estamos taradas y no se trata tanto del engaño como del sentirse amenazadas. Creo –y perdonen la generalización– que los hombres no saben cómo y dónde acomodar sus relaciones pasadas y eso nos aterra. Por un lado queremos jugar a la novia buena onda porque “que chido que sean amigos” y así fortalecer nuestro autoengaño pretendiendo que no nos importa y por el otro, deseamos con toda nuestra fuerza mandarla al exilio, entre más lejos, mejor.

Quiero creer que para los hombres la línea entre la amistad y el ligue es casi imperceptible, el problema es que para nosotras no. Las mujeres no imaginamos cosas, tomamos la evidencia en cuestión, imaginamos el peor escenario y listo: nos volvemos locas; pero tranquilos, también les tengo una solución: no dejen que se sientan solas.

El nivel de demencia que solemos tener es inversamente proporcional al compromiso que percibimos de ustedes con la relación. Después de todo la cosa es de dos: la ex, la amiga, la novia del amigo, la compañera de trabajo, la jefa o la amiga de la hermana, al final poco importan. La diferencia entre las dementes y las tipazas es una: el cómo nos sintamos.

Creo que dentro de toda novia buena onda hay una demente en potencia: por nuestra historia, nuestro pasado, por el suyo, por lo que sea. Existe en todas y sale a la luz con mucha facilidad, en mi caso si pierden mi con anza, pierden también mi objetividad mental pero hasta la novia más demente… tiene una historia que contar.

Fernanda Soria C.

maria.soriacs@udlap.mx

@fersoria92