Lacra de la sociedad, modelo, entusiasta de la cirugía cosmética, amante de los feos.
Mucho se puede decir de mi amigaza Kylie Jenner, algunas cosas me di la libertad de escribirlas como una cómica introducción (en mi opinión todas son verdades, para más referencias buscar en Google: Tyga).
Kylie es sumamente criticada por, bueno… todo lo que hace. Puede que sólo sea un alma incomprendida con un cuerpazo y una afinidad por usar 10 kilos de maquillaje en su cara on any given day, pero nadie puede negar que sabe lo que hace. En la actualidad, la señorita Jenner tiene una serie de contratos para colaborar con marcas altamente respetadas, sin mencionar que su lip gloss, Kylie Lip Kit, se agotó en segundos, ¡segundos! Básicamente compró unos brillitos de Avon, les puso su nombre y el mundo los devoró cual Bruce Bolaños a un pastel de chocolate. ¡Bruce! ¡Bruce! ¡Bruce!
¿Por qué escribir de Kylie? Bueno, en primera porque a pesar de ser despreciada y considerada una pequeña white trash americana por muchos, King Kylie –como se hace llamar– (estoy considerando cambiar mi nombre a Baronesa July, pero esa es otra historia) está en boca de todos (that’s what he said).
Mis amigas y yo, fans del debate sobre temas serios, como la deuda externa de los Estados Unidos o el conflicto entre Israel y Palestina, podemos pasar la misma cantidad de tiempo discutiendo a Yasser Arafat que a la mismísima Kylie. ¿Por qué? ¿Hay algo que la hace especial? ¿O será que nuestros jóvenes cerebros han sido lavados después de años de ver Keeping up with the Kardashians y Teen Mom?
Honestamente, creo que sí. Como Tina Fey bien lo dijo en su libro Bossy Pants al hablar de su media hermana Kim Kardashian (“who, as we know, was made by Russian scientists to sabotage our athletes“), tal vez Kylie fue creada por la misma razón: para cambiar los sueños y esperanzas de una generación de jóvenes mujeres.
Trabajar como ¿abogada? ¿Doctora? ¿Ayudar a mi comunidad? ¿Abogar por los derechos de los indígenas? ¡No, gracias! Mi nueva definición de éxito es tener mi propia línea de extensiones color verde y, si Dios quiere, que un güey ocho años más grande que yo, con un hijo, se espere a que sea legal para escribir canciones de cómo es tener sexo conmigo.
¡Larga vida a King Kyle!
Por: Julieta Muñoz Portal
julieta.munozpl@udlap.mx
