La resistencia, capítulo 1

LaResistanceMuchos me hablan del final de la paz, del capitalismo o de las vacaciones. ¿Por qué nadie me habla del fin del ocio? Tristemente, el tiempo de ocio es un lujo cada vez más exclusivo de los ancianos, los ricos y de esas bendecidas personas que han descubierto una manera funcional de administrar su tiempo.

¿Qué es el ocio? Es lo único que nos queda de nuestro tiempo. Tiempo que, por desgracia, tenemos que gastar en demasiadas cosas. Tenemos que tomar clases eternas (yo tengo una clase de cuatro horas), en las que nos encargarán tareas que nos robarán otra cantidad de tiempo importante. Luego, tendremos que hacer una tesis que nos consumirá lentamente. Después, un trabajo nos robará, si bien nos va, ocho horas del día. El gimnasio nos tomará tiempo que gastaremos dispuestos por querer vernos bien. Cagar nos robará 53 días de nuestras vidas.

Un estilo de vida ya se ha robado gran parte de nosotros y quiere llevarse el resto. ¿Por qué? Porque en el tiempo que nos queda, el tiempo que sigue siendo nuestro para hacer lo que queramos, no solo podemos usarlo para embarrarnos en una cama y ver Netflix. Podemos usarlo para pensar. ¿Habría Sócrates llegado a la maravillosa conclusión de que no sabía nada, si no se hubiera sentado por largos ratos a pensar y nada más? (Todos sabemos que le costó caro: lo hicieron suicidarse, como castigo por transmitir sus conocimientos). En nuestro tiempo de ocio, no sólo podemos ver pornografía; podemos leer y aprender. Estas dos cosas son el acto de osadía por excelencia: obtener y generar conocimiento, porque, sin importar lo que diga Cersei Lannister, el conocimiento sí es poder.

Al final del día, el tiempo es el único bien que tenemos. Sí, le hemos sacado provecho: en el último siglo hemos casi duplicado nuestra esperanza de vida. Por desgracia, sigue siendo limitado. Tenemos que luchar contra este arrebato de nuestro tiempo, tenemos que guardar, dentro de todas nuestras actividades, un par de horas al día –mucho mejor sería días completos– para pensar, para el contacto humano, para el amor, para el polvo, o simplemente para pensar y llegar a una idea brillante y así, trascender.

Por: Eric H. Cetina Karsten
eric.cetinakn@udlap.mx
@ecetina1