¿Programa de Honores? No, gracias.

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Todo se me viene encima, es oficial. Tengo mis días y mis columnas contadas, estoy tomando las últimas dos clases de un plan de estudios que ya ni existe y he llegado a ese punto en el que ya no reconozco a nadie; me siento vieja y contrariada. Una parte de mi muere por salir de aquí y comenzar a cotizar en el mercado –en especial cuando la quincena se ve muy lejana y la pobreza se siente tan real–, la otra parte de mi no concibe la idea de irse de aquí, porque… ¿a dónde me iría? ¿qué es lo que sigue? ¿trabajar, mudarme, hacer mi vida? El mundo me ve con ojos de adulto y yo sigo sintiéndome niña. Sólo una cosa me separa de la realidad: escribir la jodida tesis y mientras tanto, estoy en proceso de aceptar que la universidad sólo “me quiere como amiga”.

No se cuántos de ustedes estén transitando por el sendero tortuoso de la tesis, peleando con un monstruo de mil cabezas para decidir su tema y acotarlo, ahogándose entre los mares de su marco teórico, sometidos al yugo del formato de citas y siendo azotados por la –casi perpetua– negativa de su asesor; lo que si sé, es que los tesistas somos una especie en peligro de extinción (al menos en el sentido tradicional) y desde que empecé la mía me siento casi tan confundida como la universidad. Hasta el plan 2006, la UDLAP te forzaba a hacer tesis cuando irse por promedio quedaba fuera de tus posibilidades: si habías reprobado materias, si tenías menos de 9.0 de promedio acumulado y si no habías realizado tus estudios de manera continua, la tesis era tu castigo ¿estás haciendo tesis? Aaaah, seguro eres un pendejo. A partir del plan 2012, la universidad decidió que después de todo los tesistas no somos tan pendejos, es más ¡hay que reconocer el esfuerzo de los estudiantes! Y para eso, el término snob fue traído a la mesa con el fin de atraer el interés de los alumnos, rebautizando la tesis proletaria del plan de estudios anterior como: “TESIS DE HONOR” ¡bienvenida sea la parafernalia!

Detrás de las comidas DE HONOR, las ceremonias del Programa de HONORES, el tutor de HONOR y las tesis y tesinas HONORARIAS, estamos los aún sobrevivientes del plan 2006, escribiendo nuestra tesis, así, a secas.. sin circo, maroma o teatro “honorarios” que nos atrajera a la decisión de redactar un proyecto final para pertenecer a los circulitos de élite Fisher Price de la universidad. Y a nuestro lado, está el resto de la comunidad universitaria, el NO honorario, que por decisión propia o ajena se hicieron a un lado de la nueva luz artificial de la universidad que hace sentir estrellas a los estrellados (en todo caso, estrellados de HONOR).

Si algo valoro de mis ya cinco años como estudiante universitaria, es que a mí nunca me cerraron las puertas de nada: estuve en equipos de investigación, formé una organización estudiantil, represente a la universidad en un concurso nacional dos veces, fui parte del CEUDLAP ( y odié cada minuto hasta que renuncié), fui reportera, columnista, editora… y nunca nadie me detuvo. Me equivoqué el doble de las veces que acerté pero todo eso me dio una lección de vida. Las instituciones educativas no deberían alentar la segregación de su alumnado, porque a la vez promueven sentimientos de superioridad, snobismo y prepotencia en los jóvenes que educan. SER un estudiante de honor y ESTAR en el Programa de Honores… son cosas distintas.

FERNANDA SORIA CRUZ
maria.soriacs@udlap.mx