La violencia de parejas es algo común, pero cuando digo común me refiero a que todos sabemos qué significa y no que –necesariamente– nos pase o conozcamos a alguien que lo sufra. A nuestra edad, es de suponer que no pasa, nos llevamos con puros “chavos bien”, aunque lamentablemente es algo que sucede todos los días y en todas partes.
Tal vez muchos de nosotros lo veamos como algo inconcebible, casi inhumano. La escuela y las películas nos enseñan desde pequeños que eso esta mal, ¿cómo le vas a pegar a la persona que más quieres? Sin embargo, la violencia no se aprende en la escuela o por televisión, se aprende en la casa, con la familia. Ya sé que parezco disco rayado, pero si un niño ve que su padre golpea e insulta a su esposa sin consecuencias, es posible que el niño lo repita.
Recientemente, una amiga me presentó a su novio: un malandro de como dos metros de altura, barba tupida y voz de botella rota. Cabe decir que este tipo es bastante intimidante, pero bueno, es el novio de una de mis mejores amigas, una intenta llevarse bien con él. Hace unas semanas en una reunión, me acerqué a mi amiga y le di una inocente nalgada (ni siquiera se la di tan fuerte) y de repente, su novio se me acercó, me empujó y me dijó: “si fueras vato, te agarraba a golpes”. Obviamente no fui capaz de reaccionar, no estoy acostumbrada a tanta hostilidad. Mi amiga, muerta de la pena, intentó calmar al mastodonte y ahí murió la cosa.
Pocos días después, fui a tomarme un café con ella y la noté rara. Después de preguntarle mil y un veces si estaba bien, finalmente soltó la sopa. Me contó que su novio ya no la dejaba salir al antro con amigas, que le prohibió hablar con sus amigos e inclusive, que en una ocasión la regresó a cambiarse porque no le gustaba como iba vestida. Es neta.
Lo que quiero resaltar es que este tipo de hombres siguen existiendo y además en una clase social “educada”. Hombres que te hablan feo a ti, a tu familia, a tus amigas; hombres que no te respetan en lo más mínimo. Pero ahí sigues.
¿Por qué?
Porque según la mayoría, la violencia de pareja no pasa.
Mariana Ramírez López
mariana.ramirezlz@udlap.mx
