Ir al cine, requiere –generalmente– olvidarnos de lo que es imposible, que nos dejemos engañar por personajes inhumanos, historias increíbles y efectos especiales. Es importante dejarse engañar, olvidarse de la realidad y disfrutar el momento. Sin embargo, como descubrí este fin de semana, incluso mi imaginación tiene límites.
Antes de que iniciara la película, como de costumbre, me senté en mi lugar, preparada con palomitas y refresco, emocionada por ver los trailers de las nuevas películas del año. La primera sorpresa que me llevé, fue que los primeros dos films anunciados fueron películas sobre la vida de Jesús. La segunda —y peor— sorpresa: que ambas producciones hollywoodenses se encargaron de suplantar todos los papeles bíblicos con actores estadounidenses y blancos.
La primera película, El joven Mesías, narra la persecución que sufrieron María, José y Jesús por parte del Imperio Romano, cuando Cristo aún era un niño y tiene un cast repleto de actores blancos. La película, será protagonizada por Sean Bean, quien interpreta a un general romano y por Adam Greaves-Neal, actor británico blanco, que interpretará a Jesús, un judío nacido en el Medio Oriente.
La segunda película, La resurrección de Cristo, cuenta la historia del caos y confusión generado por el regreso de Jesús, desde el punto de vista de un general romano (Joseph Fiennes), y su asistente (Tom Felton). Jesús —Yeshua en la película— será interpretado Cliff Curtis, actor Neozelandés de ascendencia tribal Ngati Hauiti y Te Arawa. Por un lado, el actor no es de raza blanca, pero tampoco es racialmente correcto para interpretar el papel. Pareciera ser que, en lo que a Hollywood concierne, las razas de los actores no-caucásicos es intercambiable. El papel de María Magdalena, por ejemplo, será representado por la argentina María Botto. Al parecer, no hay diferencia entre una latina y una mujer de Medio Oriente.
Sería más sencillo aceptar esta versión de razas deslavadas de Hollywood, si no fuera por el contraste que crea película que se proyectó inmediatamente después. The Revenant, de Alejandro Gonzales Iñárritu, al igual que las dos previamente mencionadas, es una película histórica, basada en hechos reales y con un reparto repleto de gente de color. Sin embargo, esta cinta resalta por su fidelidad a la realidad y la raza de los personajes, con actores nativos americanos representando los papeles de las tribus indígenas que tanto atacan como ayudan al protagonista. Leonardo Di Caprio incluso, mencionó y agradeció a los nativos americanos que participaron en el proyecto durante su discurso de aceptación al permio a Mejor Actor en los Golden Globes.
Son producciones como ésta las que dan verdaderas oportunidades a los actores de todas las razas en Hollywood. Tristemente, son mucho más comunes los casos en los que no se tiene en cuenta la raza de los personajes al elegir a sus intérpretes. Ojo, no hablo de instancias en las que se cambia un cast de actores completamente blancos por uno con mayor variedad, sino de aquellas películas históricas que insisten en hacernos creer que la historia de la humanidad siempre ha estado protagonizada por hombres blancos (te estoy viendo a ti, Exodus: Gods and Kings).
Sofía Marlasca Couoh