Kesha Rose Sebert, mejor conocida como Kesha (a secas), es una cantante y compositora estadounidense, que el año 2005 –a los dieciocho años de edad– firmó con el sello discográfico de Dr. Luke, Kemosabe Records.
La cosa está así: la cantante ha estado tratando de zafarse de un contrato de 10 años con su antiguo productor Lukasz Gottwald, AKA Dr. Luke; la disquera, está dirigida por el tal Luke y es una subsidiaria de Sony. Ahora, ¿Por qué she wants out? Kesha dice, que mientras trabajaba con Gottwald, éste la drogó, violó y abusó emocionalmente de ella; y no sólo eso, sino que también controló su carrera a través de amenazas y manipulaciones.
Long story short. En octubre de 2014, Kesha demandó a su productor; el caso fue llevado a la corte y el juez decidió que los cargos de abuso sexual y psicológico eran muy difíciles de probar. Por su parte, Sony podría terminar con todo, liberando a Kesha de su contrato y firmándola en alguna otra subsidiaria; sin embargo, ha elegido proteger el futuro financiero de Gottwald, permitiéndole seguir siendo parte del negocio que es Kesha.
Según lo informado, Kesha y Gottwald no necesitan estar en una habitación juntos, y le será permitido grabar sin su participación directa; pero ¿adivinen qué?, la compañía sigue siendo de Gottwald, es decir, el futuro de Kesha sigue estando en las manos del hombre que abusó de ella por casi 10 años.
¿Acaso Elle Woods y las Spice Girls nos engañaron, haciéndonos creer que vivimos en una época en donde el emoderamiento femenino existe?… al parecer sí. Por más que Miley Cyrus enseñe las chichis, o Beth Ditto salga al escenario con leotardos, vivimos en una sociedad donde el abuso a las mujeres va acompañado de comentarios como: “Se lo buscó” o “para qué anda de zorra”. ¡Discúlpenme, pero esto no está bien! Y aquí, aprovecho para quejarme del concepto imbécil de friendzone: querido fracasado, sólo porque seas buena onda con una niña y la trates bien, no significa que automáticamente ella tenga que abrirte las puertas de su corazón y sus piernas. Te presento un término llamado “libre albedrío”, definido como “la potestad que el ser humano tiene de obrar según considere y elija” o dicho en otras palabras: las personas tienen la libertad de tomar sus propias decisiones sin estar sujetos a presiones ajenas.
El caso de Kesha va más allá de la industria musical, éste, representa la antipatía que existe frente al tema de abuso a las mujeres; no sólo en la sociedad, sino también en los mecanismos legales y las personas encargadas de implementarlos, los cuales, en teoría, son los responsables de proteger los derechos de todos sus ciudadanos (sobra decir que sin importar el género).
¿Hasta qué punto tiene que llegar el estigma que rodea una violación para que se tomen las medidas necesarias y combata como lo que es? una transgresión a la dignidad humana.
Con el riesgo de parecer una pequeña Black Mamba (véase Kill Bill), invito a los hombres que leen esto a tratar a las mujeres como iguales; no por sus abuelitas o sus hermanas, sino porque lo ¡SOMOS! y a su vez, a dejar atrás y abandonar todos los prejuicios estúpidos que imponemos sobre las víctimas de abuso. Nadie tiene el derecho de hacer su voluntad sobre otro ser humano (a excepción de tu abuelita, cuando te sirve más de comer porque te ve muy flaca).
Julieta Muñoz Portal
