Rompiendo filas 4 años después

Febrero 2016. Me encuentro en Container City, en un bar con nombre budista y amigos a mi alrededor, hace un frío moderado y unas lámparas azules cuelgan del techo, recordándome a unas gotas de agua gigantes. Es jueves y es día del mítico “Rompan Filas”: la fiesta que cada semestre sin falta organiza el CEUDLAP para dar la bienvenida a todos los estudiantes de nuevo ingreso. Aunque en un principio me negaba rotundamente a ir, un comentario de una de mis amigas (la cual va en segundo semestre) me hizo repensar y finalmente, venir: “wey, es tu último semestre no mames” y pensé que sería un buen experimento, ya que el único rompan al que alguna vez asistí fue, cuando recién llegué a la Universidad, en mi primer semestre, hace ya 4 años.

Mientras me encuentro en Container no puedo evitar tener un deja vú de ese rompan al que asistí cuando era una estudiante de primer semestre y no conocía absolutamente nada de la Universidad, de Puebla y de Cholula. Ahora, pareciera que todo sigue igual, Container aún está lleno, los mismos bares siguen funcionando y sigue la espera casi eterna para tener una mesa. Sin embargo muchas cosas parecen diferentes, no reconozco casi a nadie y la mitad de los presentes me hacen sentirme vieja, sin mencionar el hecho de que mi hermana que va en segundo semestre saluda más gente que yo. Las mesas están llenas y grupos de amigos toman y ríen mientras la música suena fuerte pero aún se puede platicar, frente a nuestra mesa un grupo fuma una shisha y toma cerveza, oímos “borro cassette” de fondo y dos meseros se las arreglan para atender a todas las mesas a la vez, algo que logran de manera un poco accidentada.

Llega la hora de irnos de Container, son aproximadamente las 12:30, pedimos un UBER para trasladarnos hacia la calle 14 Oriente. Mientras estamos en el coche una de mis amigas canta “Borro cassette” ante la mirada divertida del conductor, quien no dice nada, pero su rostro demuestra que le causa mucha gracia el performance. Cuando llegamos, tengo otro deja vú de primer semestre, olas y olas de gente pasando, esperando afuera y pidiendo a los cadeneros que los dejen pasar. Otro elemento que nunca cambia es el hecho de, aunque estemos a 8 grados veo muchos vestidos y faldas cortos, lo cual me hace preguntarme si mi termómetro corporal está fallando. Trato de comparar el cómo me sentía hace 4 años y como me siento ahora: la 14 sigue exactamente igual a como la encontré, con algunos cambios y lugares nuevos, pero la esencia de la vida nocturna sigue exactamente igual. En 4 años he visto pasar muchos lugares que abren, tienen algo de éxito y cierran para dar paso a otros y repetir el ciclo, hay algunos como Kurandera, que han estado presentes todos estos años, sin ningún cambio.

Es este lugar al que al final decidimos entrar, aunque la fiesta se está llevando a cabo en Central (el cual tiene 2 años de existencia después de que cerrara Glam) escogemos “Kura” a petición popular, alguien comenta que el “rompan” tiene más de 10 años de tradición, lo cual me sorprende un poco. Después de la extenuante revisión de costumbre y de entregar mi IFE para comprobar que no tengo 17 años (como muchas veces me han dicho) en la puerta entramos al lugar el cual (por si nunca lo han visitado) tiene las paredes cafés con distintos relieves tratando de emular rocas, hay muchísima gente ocupando todas las mesas disponibles, bailando y, por supuesto, bebiendo. En las mesas puedo observar muchas botellas de tequila, algunas de vodka y una que otra de whisky, las cuales rápidamente van bajando conforme los integrantes de la mesa se llevan sus vasos a la boca.
Miro a mi alrededor y percibo ese olor inconfundible de los “antros”: una mezcla de cigarro, alcohol, y aire acondicionado con ese aroma característico de las multitudes. Cualquiera que haya ido alguna vez a uno de estos lugares conoce el ambiente ruidoso que existe y el cual acompaña cada momento. Suena una canción muy conocida de reggaetón y mientras mis amigos bailan y se sirven vasos de tequila con refresco de toronja. Sigo observando a mi alrededor y veo a una pareja bailando como si nadie los estuviera mirando, grupos de amigos tomando fotos que seguramente estarán en alguna red social más tarde y no puedo evitar pensar que todos lucen mucho más jóvenes que mis amigos y yo. Por primera vez siento el paso de los años cuando ya no reconozco varias de las canciones que el dj pone en un esfuerzo por que no se pierda el ambiente y veo nuevamente, que mi hermana de primer año parece conocer a mucha más gente que yo.

Son ya las 3 de la mañana cuando decidimos irnos, hay todavía mucha gente pero bastante menos que cuando llegamos, veo a muchos completamente borrachos aún con vasos en las manos pero bailando como si no pasara nada. Salimos y el frío es todavía más intenso que hace unas horas. Los puestos de comida no se dan abasto para atender a los que acaban de salir y ahora huelo cochinita pibil, tamales y tacos. Empezamos a caminar de regreso a la Universidad, un amigo dice sonriendo “¿Estuvo bueno no?” todos le damos la razón. Vuelvo en el tiempo y la sensación es muy similar, hace 4 años tenía la sensación de que algo nuevo empezaba, ahora siento que algo termina pero todo final es siempre un nuevo comienzo.

Laura Uribe
laura.uribecz@udlap.mx