Odio el básquetbol. Si me preguntaran, preferiría ver un torneo de matatenas. Sin embargo, ir a las gradas el clásico UDLAP vs UPAEP fue una completa aventura. Me senté junto a un gordo y junto a una chava hermosa que me odió a la mitad del partido por equivocarme de porra.
Es muy interesante ver cómo el sentirse representado por un grupo de cinco hombres, puede motivar a tantas personas a desgastar sus gargantas en un partido y empapándose de sudor ajeno.
Sin embargo, este ritual de la afición, de la porra, puede terminar en lo ofensivo. Un ejemplo claro es un antiguo caso, en el que la grada de la UDLAP sacudió tarjetas de crédito en frente de el equipo de la UPAEP o cuando les gritaban “váyanse que se les va el camión” y le decían “chofer de ADO” al coach de las Águilas. En casos de mayores proporciones, tenemos el famoso grito de “puto” en el mundial y los no tan raros lanzamientos de petardos y explosiones en las gradas.
Esto no es una actividad propia del mundo del deporte: son cosas que pasan seguido cuando la gente es demasiado apegada a una institución. En la guerra, el amor por una bandera hace que muchos se vuelvan asesinos y sacrifiquen sus vidas. La inquisición dejó miles de muertos, porque no eran devotos a una religión específica. Si por fanatismo se están perdiendo tantas vidas, como en el caso de los yihadistas, hay algo mal.
No digo que tener preferencias, tener creencias, ser patriota o apoyar a un equipo esté mal. Cuando juega el Barça soy feliz y cuando pierde el Real Madrid, también. Lo que considero equivocado es que porque alguien no piense igual a nosotros; cante un himno diferente o rece a un dios distinto, nos olvidemos de nuestros principios básicos, del respeto. Sobre todo, que hagamos lo posible por justificarnos: “no, ‘puto’ no es homofóbico, es una expresión súper mexicana”.
Vamos a buscar la manera de ser personas fieles a nuestros ideales, a nuestros equipos, religiones, países o universidades y al mismo tiempo, ser personas de las que el equipo, religión, universidad y país pueda estar orgulloso. Dejemos de lado la idiotez, evolucionemos.
Eric H. Cetina K.
