Recuerdo una vez que iba en mi bicicleta hacia la universidad –un recorrido que me lleva aproximadamente quince minutos– y durante ese breve trayecto fui víctima de nueve de agresiones verbales, entre ellas, la de un policía que se encontraba en la esquina; jamás olvidaré su agresión, ni lo que me hizo sentir, una mezcla entre rabia, coraje, vulnerabilidad y asco por él y por todos los que llevan a cabo esta práctica machista.
Tontamente, no hice nada, me quedé trabada en mi propio enojo, pero desde ese momento decidí que jamás me volvería a pasar lo mismo y así fue. En la calle, ya sea caminando, en bicicleta, incluso en el auto, respondo a los insultos y agresiones y en todos los casos, el resultado es el mismo: los hombres al ser confrontados, no tiene la menor idea de qué hacer o qué decir, simplemente bajan la cabeza y piden perdón.
El acoso callejero es una forma de violencia de género, que toma diferentes formas, por ejemplo: miradas, ofensas verbales, acoso físico, exhibicionismo, entre otros. Tristemente, es una realidad cotidiana que engloba a todas las mujeres desde los ocho años, en cualquier parte del mundo.
De acuerdo con el Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC), nueve de cada diez mujeres son acosadas en la calle diariamente, lo que resultar ser un problema social que nos incumbe a todas y todos, de diferentes maneras. Uno de los mayores problemas del acoso callejero, es que se lleva a cabo en el espacio público, aunque en teoría éste, debería ser neutro e indistinto al género, como hemos visto y/o experimentado, resulta ser un territorio hostil, donde el machismo es el pan de cada día.
El hecho que las mujeres y niñas no nos sintamos seguras al transitar libremente por los espacios públicos, sobre todo caminando, en transporte público o en bicicleta, acarrea otras problemáticas. En el caso de Egipto, donde el acoso callejero ha llegado a cifras alarmantes, 99.3% de las mujeres egipcias han experimentado alguna clase de acoso, según datos del estudio: “Entidad para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres” publicado por la ONU en el 2013. El acoso en este país ha llegado a tal grado, que las mujeres prefieren usar el automóvil o usar un taxi exclusivo para ellas, antes que usar el transporte público o caminar y no las culpo.
Seguramente en México, muchas optamos por usar un coche para no arriesgarnos, pero ésta no debería ser la solución. Aparte de que se sancione debidamente, la planeación urbana debería hacerse de acuerdo a los trayectos que toman las mujeres diariamente, ya que siempre optamos por recorridos más seguros y tranquilos. Entre más mujeres ciclistas haya, más seguras son las vialidades de una ciudad.
No dejemos de caminar o usar la bici por miedo, usemos estos mecanismos como un símbolo de libertad y empoderamiento de la mujer.
