Sonosíntesis

“¡Queremos solución!, ¡Abre la puerta!”  Es lo primero que escucho mientras camino a Capilla del Arte. Un grupo de manifestantes se han reunido afuera del Palacio Municipal y pretenden que alguien salga a hacerles caso. Paso junto a ellos, para no mojarme demasiado, y al llegar a la 2 Norte, me veo en la misma penosa situación. Yo también necesito que me abran la puerta.

Afortunadamente, no tengo que gritarles a los que se encuentran adentro, basta un mensaje y seguir la simple instrucción de “Toca”. Tras registrarme, puedo por fin reunirme con Marcela González, la coordinadora de este espacio, y esperar a que regrese de comer mi tocayo Alejandro Reyes, el coordinador del concierto, para poder entrevistarlo. Mientras tanto, me entretengo sacando algunas fotos del lugar -en particular de unas vendas negras que han puesto en las sillas- y escucho plácidamente a Wagner, que sale de las bocinas Bose del lugar.

Empiezan a llegar los espectadores y Reyes con ellos. Puedo hablar con él un momento. Mi mayor duda es qué nos espera esta tarde; me llama en especial la atención esto de la música acusmática. Al parecer, el término viene de la escuela Pitagórica y servía para referirse a los que querían ser matemáticos y tomaban clases sin ver al maestro -que se encontraba detrás de una cortina-. Pierre Shaeffer lo retomó para describir a la música (electrónica) donde no vemos la fuente de los sonidos. En cuanto al programa, vamos a escuchar -con los ojos vendados- algunas de las piezas ganadoras del Festival de Música Contemporánea y Arte Sonoro Sonosíntesis.

El concierto comienza más tarde de lo previsto, esperamos a gente que no llega. El clima no ha sido muy favorable esa tarde, una lástima. Nos invitan a ocupar los espacios más cercanos al centro de la sala, y nos explican brevemente la dinámica: es hora de ponerse las vendas en los ojos.

Unos ven con desconfianza los pedazos de tela negra que están en sus asientos, otros, simplemente se las amarran -o ayudan a amarrarse-. No falta el que espera a que todos tengan su  venda ni el que espía por el rabillo del ojo; lo que sí es seguro es que la mayoría estamos ansiosos.

Me gustaría poder describir lo que escuchamos entonces, pero no es fácil.  Ahora que busco entre mis notas sólo leo cosas como: trenes, cucharas, motores, líquidos cayendo, agudos, golpes, copas, armónicos, cello, huevo friéndose, mosca, relojes, crescendos sin misericordia, arqueadas, bebés llorando, voz masculina chistosa, y más. Parece más bien material para un poema dadaísta, pero es que era todo eso. Sin embargo, más que encontrarle el posible origen a los sonidos que escuchaba, lo interesante era la atmósfera que creaban.

Para los poco relacionados con la música acusmática sólo puedo decirles que es como esas partes de Alan’s Psychedelic Breakfast  cuando no suenan los instrumentos. No es el aproximado más certero, pero no se me ocurre otro símil. Las sensaciones que te crea estar escuchando ese acomodo de sonidos aleatorios son muy variadas. Había partes que sí inspiraban de pronto abandonar la sala o cubrirse los oídos -siendo honestos-, pero también había momentos en donde las vibraciones que de pronto percibías te tranquilizaban, entraban por todo tu cuerpo. Muy interesante, aunque un tanto difícil de digerir.

Como a la hora de estar sentados escuchando esta música electrónica, hubo quien empezó a incomodarse: varios recordaron que tenían cosas que hacer y salieron antes de que terminara; pero fueron pocos, la mayoría aguantamos hasta el final, cuando tímidamente comenzaron los aplausos. No sé si alguien aprovechó para echarse un coyotito, pero a todos nos costó el regreso a la luz

El concierto terminó con la invitación a escuchar la segunda parte de las obras ganadoras el viernes, en la galería Lilliput, (¡hay más, señores!) Y con nosotros yéndonos, extrañamente servidos.

Alejandro Reyes

jose.reyesmo@udlap.mx

Fotografías por: Alejandro Reyes