Hace más o menos un año, entré al baño de mi prepa y me encontré con una de mis mejores amigas llorando en uno de los cubículos. Cuando le pregunté cuál era el problema, solo logré que llorara más y se lanzara a mis brazos, sollozando algo incomprensible. Las únicas palabras que logré distinguir fueron el nombre de su ex-novio, “fotos”, “mandó” y “no sé qué hacer”. Tardé por lo menos unos quince minutos en calmarla (mi clase, obviamente, quedó olvidada) y después logré que me contara bien lo que estaba pasando.
Según me logró explicar, cuando todavía estaba saliendo con su exnovio —con el cual duró año y medio— le mandó unas fotos de ella desnuda, con la promesa que dicho ex las borrara de inmediato. Eso no sucedió. Casi dos años después, esas fotos regresaron para atormentarla. Aparentemente, el chavo, por despecho, envió estas fotos a todos sus amigos. Esto desencadenó no solo la humillación de mi amiga, sino que además ocasionó acoso. Uno de estos casos llegó a tal punto que se vio forzada a recurrir a un abogado.
Nos tocó vivir en una época en la cual la tecnología se convierte en un arma de doble filo. Así como puede ayudarnos en muchas cosas, también puede ser el origen de todos nuestros problemas. Los medios de comunicación y las redes sociales pueden construir relaciones y, con la misma facilidad, romperlas.
Muchos de nosotros tenemos la falsa idea de que sabemos manejar estas herramientas a la perfección, pero últimamente me he dado cuenta de que tal vez esto es falso. A todos nos ha pasado que mandamos un mensaje del cual nos arrepentimos, y como sabemos, una vez que lo envías, es imposible recuperarlo.
Este caso no es aislado. Existen miles de personas, ya sean hombres o mujeres, que envían fotos privadas estando en una relación intima con alguien, una relación con confianza y seguridad, para luego verse en una situación de acoso.
Mandar la foto no está mal. Lo que me enerva es la falta de consecuencias para quien la divulga. En este caso, no le pasó nada al exnovio. Nadie lo regañó, nadie se enojó con él. Todo el juicio, burla y acoso cayó en mi amiga, cuando el que hizo mal fue él. Él fue quien rompió la confianza, él fue quien le faltó el respeto a su pareja. Él fue el que la expuso.
Entonces, ¿qué podemos hacer? Tristemente, no puedo asegurarles que confiar en su pareja pueda evitar esto. No puedo prometerles que, a pesar de llevar tiempo en una relación seria, se puedan asegurar de que sus fotos nunca salgan a la luz. No puedo decirles como arreglar el daño ya hecho.
Solo, por ahora, que no las manden.
Mariana Ramírez López
