Suenan las trompetas, el hombre se levanta preparado para ir a la guerra, los imperios se lo piden: que se entregue, que entregue su pasado, presente y futuro a la causa, no importa si ésta es religiosa, política, social o económica, el objetivo fundamental es la muerte del contrario, tan similar a él, tan parecido, tan humano. La sangre se ha derramado incontables veces en la historia, en nombre de la justicia, en nombre de la libertad, pero sobre todo, en nombre de lo absurdo.
Aquella famosa escena del simio conociendo la violencia, como paso directo a la evolución y la selección natural en la Odisea del Espacio, que le regaló a Stanley Kubrick críticas y elogios por igual, nos explica de alguna manera como el hombre encontró en la violencia una parte de su esencia.
Aparece el terrorismo en el mundo, con él, llega la muerte y con ella, llega el terror. Después, la respuesta es igual de violenta. Seguimos siendo soldados y a la vez criminales, cegados entre el ser violentados y responder con violencia. El terrorista cree en lo que hace, cree en el método del terror, de saber que puede quebrar vidas con sus propias manos. El soldado occidental sabe que también lo hace, que tiene que hacer malabares con la violencia y maquillarla. Los dos creen al final que lo hacen por la razón correcta.
Dicen algunos que el terrorismo es racional, que es parte del ser humano, que es muy normal asesinar o atentar contra otros para incentivar el miedo en los contrarios: tácticas y estrategia. La guerra sigue esa línea, el juego se basa en violentar al otro para demostrar tu poder, jerarquía, ideales y creencias. El resultado es inminente, el ser humano se está acostumbrando a la violencia y al terror, no únicamente con el terrorismo o la guerra. En México tenemos al crimen organizado, en otros lados tienen guerrillas, los niños saben usar armas, la violencia no se separa de la “racionalidad humana”, mucho menos de sus intereses e ideales.
Los ideales son a veces tan poderosos, capaces de mover, destruir y crear naciones enteras. La violencia se fusiona con los ideales, se sigue jugando con la muerte, con la costumbre del terror y el poder. Así, la consecuencia es que nos alejamos de lo humano para invertir en lo militar (literal, el gasto militar excesivo es fundamental en varios países). Posiblemente el terror, ahí encuentre su final: en la costumbre humana.
El hombre está acostumbrado a derramar su sangre por la causa, el terrorismo nace ahí y la guerra también; ambos, se fundamentan en crear ese terror que carcome a los demás, que acostumbra a la violencia, que regresa al humano a su origen de competitividad y selección natural. Bien dicen por ahí que “la violencia genera más violencia», entonces, ¿la violencia es algo humano?, ¿existe una necesidad innata de recurrir a ella?
Entonces, encontramos a los que cierran el puño para responder y los que estrechan la mano para saludar. Al final, siempre habrá dos caminos para elegir.
Raymundo Ricárdez García
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