IA215, dice un pequeño cuadro en la puerta traslucida en el callado y arrullado por los grillos edificio de Ingenierías. El piso del suelo es frío y, para alguien como yo, eso era una sentencia a muerte: un veredicto cruel para unas nalgas planas.
Hasta este momento no me había fijado tanto en una puerta. Tiene una estampita de “M5” en la esquina superior izquierda. Un poco a la derecha, hay una línea probablemente hecha por una soldadura. La esquina superior derecha se está descarapelando un poco. Tiene un par de manchitas cafés y unas ralladuras similares a las que aparecen en las mesas cuando pasas una goma muchas veces sobre ella. La manija a la izquierda y una cerradura de seguridad arriba; el coso que traba la puerta para que no se abra a discreción y manchas de pintura en la parte de abajo, saliendo de la pared. (Lo más divertido, sin duda alguna, fue el juego de sombras moviéndose entre la luz que escapa por el espacio entre el borde de la puerta y el suelo.)
“¿Seguirás haciendo comentarios amarillistas sobre nosotros?” preguntaron. “Sinceramente, no vengo a hablar sobre mis textos. Vengo a hacer lo que ya dije: reportear qué sucede en las juntas del Consejo”
Salí a esperar la resolución. “Por esta ocasión, no podrás entrar a la junta del Consejo”, respondieron, después de diez minutos de discusión.
Son cuatro las bisagras que unen la puerta a la pared, las que marcan la línea divisoria –no sonora, porque sigo oyendo; no del todo visual, tampoco, pues se ven sombras todavía–. Es una línea imaginaria, moral. El consejo se deslindó de la comunidad (o al porcentaje de ella) que quiere representar, marcando una vez más su exclusividad. En un semestre he visto gente ajena al consejo entrar a pedir fondos, de los que sólo dos han recibido una cantidad realmente útil, porque la Comisión encargada de eso se quedó sin dinero.
De ahí en fuera, sólo dos hemos entrado por amor al arte, por querer observar cómo actúan nuestros representantes: yo mero y alguien más que, realmente, quería estar un rato con su novia (bastante respetable) y que quería ver cómo se llevan a cabo las juntas de los soberanos estudiantiles.
Estoy afuera. El Consejo Estudiantil decidió que La Catarina no podía entrar hoy [martes 26 de abril] a su junta.
Eric H. Cetina Karsten
@ecetina1