Los museos son lugares verdaderamente fascinantes. Son el punto de encuentro de la cultura misma y el nicho con más amplia gama de oportunidades para aprender de cualquier tema. Pero, ¿existe un protocolo social para visitar estos lugares? El típico cliché del hombre sobando su barbilla mientras admira una obra, o la mujer medio “hipstersona” con falda larga y lentes de pasta que dibuja una escultura en su cuadernillo. Todos estos cánones de atractivo alternativo serán explicados para que quien quiera que seas tú, mi lector, puedas convertirte en un verdadero conquistador de museos.
Para empezar, encuentra a alguien a quien quieras instruir con tu conocimiento, a la chica de tus sueños, tu jefe, o simplemente a alguien que encontraste en la sala del museo. Una vez que tengas a tu receptor, necesitas los conocimientos base de la historia del arte. Comenzaremos en la época medieval y el arte eclesiástico, si te topas con alguna pintura de estas en las que solo Jesús aparece, tomando todo el estrellato, no hay mucho que decir; algo como, “El dominio de la religión tanto en la literatura como en el arte es notorio.”, y luego haz referencia al largo periodo de tiempo que esta corriente duró.
Pero después comienza lo bueno, Da Vinci con el Renacimiento Italiano. Aquí debes ser muy cuidadoso ya que no quieres mencionar solamente a Da Vinci; es como decir que eres conocedor de la poesía por que te gusta Benedetti. Te daré algunos nombres que podrías aprender: Rafael Sanzio, con sus retratos a tres cuartos y mirada penetrante, o Alberto Durero y su manera real y poco agraciada de los rostros comunes.
Brincaré ahora a mi etapa favorita, el Impresionismo. De esta etapa te aseguro que es políticamente correcto hablar media hora seguida sin parar; es aquí donde puedes sacar uno que otro datito que estoy segura sabes sobre van Gogh (sí, que se cortó la oreja a él mismo funciona). Lo primero que tienes que hacer notar es que entiendes la diferencia entre Monet y Manet. Comienzas con un: “Claude Monet (si puedes recordar su nombre de pila estaría sensacional), continúas con los colores vivos de su famoso cuadro Impresión, sol naciente, y terminas ensalzando con un “Al final solo pintaba los juncos de su jardín, ¿no?”. De Édouard Manet sé más breve, habla de lo hermoso que sabía plasmar las emociones por medio de los ojos. Finalmente hablas del rey: Renoir. Aquí es donde deberías poner la misma cara de cuando pruebas una Krispy Kreme clásica; menciona lo bien que capturó las escenas cotidianas de la sociedad parisina del siglo XIX, sus paisajes borrosos y fuertes ojos negros, y trazo excepcional, como ningún otro.
La corriente que sin duda alguna no puede faltar es el Surrealismo, cuando salga a tema Dalí puntualiza cómo no solo era pintor, y agrega, “¡Qué bruto, El perro andaluz me encanta, excelente película!” (no hay pierde, te aseguro que no la ha visto). Pero aquí tu verdadero punto de oro es Leonora Carrington, sus cuadros son verdaderamente impresionantes, completamente diferentes a lo que has visto y lo mejor de todo: de nacionalidad mexicana. Si quieres sacar un pequeño chistorete puedes informarle que sus cuadros salían en los libros de la SEP.
Esta es sin duda una guía básica, pero completa para tener permiso social a tener unos lentes de pasta y recorrer los museos con detenimiento y paso lento. Con el arte moderno no me meto por que no le entiendo y no me gusta. Si me ves en los concurridos pasillos de la UDLAP y sabes de arte moderno, probablemente me puedas ayudar para mi siguiente columna.
Valeria Santos Vinay
