II Coloquio Internacional sobre Impunidad y Justicia, segunda mesa  

El último evento del primer día del II Coloquio Internacional sobre Impunidad y Justicia trató los temas de la agenda post 2015: seguridad, estado de derecho y desarrollo humano. En ella, participaron los ponentes Alice Krozer, la Licenciada Gabriela Cordourier, el Doctor Miguel Calderón Chelius y el Doctor Juan Antonio Le Clercq Ortega, quienes se enfocaron en mostrar las diferentes facetas de la desigualdad.

Una de estas es la impunidad, la cual se ha convertido en una práctica social, donde vemos la desigualdad que premia al rico, famoso o poderoso y queremos ser parte de ella. La desigualdad se relaciona con el terreno económico, político y social ya que las diferencias entre personas se deben a la imposición de roles y estatus social. Esto impide la realización de individuos al no tomar en cuenta la capacidad, solo el origen de los mismos.

 

Otro aspecto clave de la desigualdad que fue mencionado, es el detenimiento del desarrollo humano que lleva a la falta de libertad. El desarrollo humano es aquel donde las personas tienen todos los elementos para decidir lo que quieren hacer, como son una vida saludable, un ingreso y una educación. Existe mayor desarrollo humano cuando una persona tiene acceso a servicios públicos, conoce sus derechos y puede cubrir sus necesidades básicas. Cuando la libertad se ve amenazada, se llega a la pobreza.

En el debate salió a relucir que la desigualdad se ve claramente reflejada en el salario mínimo y México es un gran ejemplo de ello ya que su modelo económico -el de un país emergente- fomenta un crecimiento pro-pobre. El salario mínimo mensual es alrededor de $2,000.00 pesos y está por debajo de la «línea de pobreza». Se considera una garantía que una persona es pobre, aunque tenga tres salarios mínimos. Este hecho no solo crea una brecha más grande entre ricos y pobres, sino que también afecta la calidad de vida de las personas. Cuando se compara la expectativa de vida entre las diferentes clases sociales, se puede ver que la clase social baja vive en promedio 27 años menos que la clase alta.

Para combatir esta problemática los ponentes dieron diferentes soluciones enfocadas en aspectos educativos, sociales y laborales. Se llegó a la conclusión de que se necesita un cambio en el modelo económico para alcanzar una sociedad inclusiva y sustentable.

 

Cecilia de la Peña 

cecilia.delapenamz@udlap.mx 

Fotografía: Carolina Isaura Garcia Garibay