
Sí, la caridad es humillante. Especialmente en este país que sigue cargando el peso histórico de la jerarquía colonial. Donde cierta clase social es la del dinero, la palabra y todavía, la buena por ser religiosa. Este ha sido el modelo a seguir para quienes tienen y quiénes no.
Como país formado con base en una tradición judeo-cristiana, hemos relacionado, a lo largo de nuestras vidas, la caridad con algo bueno. Y con ello, hemos reproducido una idea tan mala como errónea de que al ayudar al prójimo partimos de una posición superior.
Mi postura es simple: “la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba. La solidaridad, por el contrario, implica respeto mutuo” (Galeano).
Lo único que ha generado la caridad como idea, en nuestra sociedad, es dividirla en dos grupos. Los que ven hacia arriba y los que ven hacia abajo. Empoderando de tal manera a quienes se encuentran en la posición de ser caritativos y volviendo sumisos a quienes reciben la “caridad”.
Escribo esto para decirle a las personas que se sienten buenas por ser caritativas, y para los que no entienden que este es un problema gravísimo y generalizado en el país. Quizás todos tenemos que ponernos a reflexionar y a reconstruir este concepto, para posteriormente entender el porqué nos está haciendo tanto daño.
Este problema se manifiesta en diversas actividades de nuestra vida, como en servicio social, misiones y hasta en campañas políticas. A tal grado que, en ocasiones, la ayuda política es considerada por ambas partes como un acto caritativo y bondadoso, cuando, por el contrario, es una obligación del político.
Es necesario entender que ser caritativo no te hace una persona buena. Eso es basura. Una sociedad debe estar consolidada por el apoyo entre iguales. En donde si haces algo por alguien es por empatía, o por lo menos porque quieres volver a tu sociedad un lugar mejor en donde vivir, y no por otras razones que implícitamente revelan lastima y superioridad.
Pareciera que este tema no es importante, pero es en gran medida el problema que ha generado un grupo servil y otro hipócritamente bondadoso. Es difícil cambiar este tipo de estructuras, especialmente cuando es más cómodo ser caritativo, ya que te hace sentirte malamente filántropo, bien contigo mismo, y lo peor de todo, superior. Y, por otro lado, los que reciben, en muchas ocasiones presos de la necesidad caen en el error de seguir aceptando esta jerarquía. No se confundan, no todas las personas en necesidad reaccionan así, y eso es un acto que hay que valorar muchísimo.
Es imperativo que cambiemos la manera en la que nos apoyamos como sociedad y sobre todo la manera en la que nos vemos. Somos mucho más que los problemas que tenemos. Y si solo podemos distinguir a las personas por medio de lo que les falta, estamos cometiendo un grave error. Si queremos cambiar algo, como dice un buen amigo “no podemos mirar distinto, cuando estamos actuando igual” (Sr. Click).
Dejo esta foto que me gusta relacionarla con la frase de Galeano. Yo veo a un niño jugando. ¿Tú qué ves?
Sara Achik López
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@SaraAchik
