Seas reservado con tus comentarios o extremadamente extrovertido cuando de un sabroso intercambio de puntos de vista se trate, siempre tendrás una opinión sobre las cosas. Yo creo que la mejor comida en el mundo es la francesa, mi película favorita es Hotel Budapest y, particularmente, no me gusta el arte moderno. No necesito argumentar el porqué, no necesito datos duros que sustenten lo que pienso y, ciertamente, que algo sea reconocido como bueno, no me obliga a tener una opinión positiva de él.
Cuando de arte se trata y un pintor o cuadro sale a conversación, a todos nos gustaría tener el comentario perfecto para sumar puntos a nuestro nivel de sofisticación (estoy leyendo tu mente, lector. Lo estás tratando de negar pero sabes que es cierto). Conoces a la perfección las obras de Salvador Dalí, Miguel Ángel y Velázquez, ¿verdad? Bueno, probablemente no, pero, ¡por Dios! Es Dalí, el ícono del surrealismo; no vas a perder esta oportunidad para ser cool y entonces echarte el comentario de: “Salvador es de mis favoritos, sin lugar a dudas un pintor verdaderamente genuino”. Tal vez, sus cuadros no te provocan nada; tal vez, no te dejan con la mandíbula de par en par ni te hacen querer ver más; pero ahí estás, diciendo exactamente lo que se espera que comentes sobre él.
No me malinterpretes. No estoy criticando a quienes opinan bien de Dalí; el español era un verdadero genio. Él solo fungió como ejemplo. La verdadera crítica va para quienes opinamos negativamente sobre un pintor, corriente artística o cuadro famoso y no lo expresamos; para quienes nos paseamos por los museos asentando con la cabeza cuando no entendemos un pepino. Así que aquí estoy, en algo parecido a una terapia artística contigo, mi lector, e intentando salir del clóset por medio de esta tinta electrónica y decir sin miedo mi opinión: no me gusta Picasso. La aceptación es el primer paso.
Me molestan sus cuadros. No hay simetría, los colores son demasiados toscos y parecen dibujos de preescolar. Sí, estoy consciente de que todo lo que estoy diciendo alude precisamente a las características que lo hacen ser el mejor pintor del siglo XX, pero simplemente no lo entiendo. Debo reconocerlo: en esta desenfrenada crítica al pintor y aliviadora honestidad que les tuve hace unos momentos, la única que sale perdiendo soy yo. Muchos pensarán que no tengo buen gusto y otros que criticar a Picasso es demasiado atrevido, pero el arte se trata de sentir, de tener experiencias que hagan nuestras vidas mucho más intensas y de conocernos más a nosotros mismos. No de ser más sofisticados.
Los “no me gusta”, “no lo conozco”, o los “no le he agarrado el gusto” deberían formar parte de nuestro lenguaje artístico; pero siempre deben ir acompañados de una apertura mental a las opiniones de quienes sí tienen algo bueno que decir.
Ya establecí que la aceptación es el primer paso, pero el segundo no puede más que enriquecer nuestros corazones: observemos, investiguemos, sintamos y comprendamos. Nuestros puntos de vista pueden, entonces, cambiar. Quién sabe, igual y con suerte en un futuro logro entender por qué Picasso es, sin lugar a dudas, el mejor pintor que el siglo pasado presenció.
Valeria Santos Vinay
valeria.santosvy@gmail.com
@ValeriaSVinay
