León Valiente

Leonardo Sánchez, estudiante de Música, ganó un concurso nacional de canto, conquistó Bellas Artes, estelarizó tres obras… y solo tiene 21 años.

«Imagínate que vas a pisar el mismo recinto que ha pisado Plácido Domingo”. Con solo esta frase, entiendo perfectamente qué tan nervioso se sentía Leonardo Sánchez, ganador del XXXIV Concurso Nacional de Canto Carlos Morelli, al llegar a la final. Con la voz un poco mormada por las alergias y una postura relajada y jovial, Leo se acomoda para hablar conmigo sobre su vida y su experiencia como cantante. La nueva estrella de la ópera, de apenas 21 años, cuenta a La Catarina sobre cómo llegó a la UDLAP, qué significa este premio para él y cuáles son sus aspiraciones a futuro.

Con la música en las venas

El joven tenor clama ser el único músico en su familia, aunque aclara que, de su lado materno, –especialmente con su abuelo– hay mucho amor por la música ranchera y tradicional mexicana. Leonardo dio sus primeros pasos en la ópera cuando tenía 18 años. Empezó a tomar clases formales con el maestro Genaro Sulvarán, con quien comenzó a trabajar “la Antología Italiana”: un repertorio de arias que ayudan a mejorar el fiato, el fraseo y la dicción. Sin embargo, el tenor recuerda que, a los 16 años, comenzó a cantar en un coro de la ciudad de Córdoba, Veracruz, con el profesor Jesús Peña; esto le ayudó a aprender sobre la musicalidad.

Llegó a la UDLAP casi de manera fortuita. “Es una historia –hace una pausa y piensa– podría decir coqueta”. Leonardo empezó estudiando Medicina, después de ser aceptado tanto en la UNAM como en la Universidad Veracruzana, pero después de un mes comenzó a sentirse insatisfecho. “Tenía ya mucho nerviosismo y ansiedad de que no estaba haciendo realmente lo que me gustaba”, afirma. Una prima le habló de la UDLAP y de sus equipos culturales, el teatro musical y su coro; y le sugirió entrar a una carrera menos demandante para seguir haciendo lo que a él le gustaba.

Así fue como Leonardo entró a la carrera de Enfermería en la UDLAP. Ya en la Universidad, audicionó para El Mago de Oz, quedándose con el personaje del León Cobarde. El día del estreno de la obra, el Rector Luis Ernesto Derbez, junto con Joaquín Cruz y Sergio Castro, de Equipos Culturales, hablaron muy seriamente con él, afirmándole que estaba perdiendo el tiempo estudiando Enfermería. Leo recuerda entretenido que, a partir de esto, se le ofreció una beca del 100% para estudiar Música y le dieron todos los medios necesarios para poder estudiar. “En muchos aspectos, nos han traído a grandes maestros; nos han dado la oportunidad de tener clases de ballet, de flamenco, de expresión corporal, de actuación; de muchas cosas, que yo siento que para mi preparación a futuro, me van a servir muchísimo”, puntualiza, orgulloso.

En la UDLAP, Leonardo ha realizado tres proyectos: El Mago de Oz, como el León Cobarde; Mi hijo Pinocho, encarnado al villano Strómboli; y Una vez en esta isla. En óperas, ha interpretado en Venus y Adonis, Bastián y Bastiana y La Dolorosa. Leo considera que la obra más importante para él ha sido El Mago de Oz, por todo lo que le dejó: amigos, excelentes personas, el inicio de una nueva carrera y vida. Sobre todo, encontró que en la UDLAP, el área de Artes y Humanidades es una gran familia.

Un Azteca en Bellas Artes

Leonardo se animó a entrar después de que el maestro Enrique Patrón de Rueda le sugiriera inscribirse al certamen, sobre todo para foguearse, tras el Concurso Internacional de Canto en Sinaloa. “Me dijo: «de perder no pasas, no es como que si fallas se te va a caer una mano o un pie »”, recuerda Leo, confesando que no esperaba ganar. La sorpresa fue cuando, de casi 200 participantes, la lista se redujo a 10 finalistas. Leonardo quedó entre ellos.

Una oleada de sentimientos lo invadieron durante el concurso: nervios, inmensidad, estrés, felicidad. Cada vez que Leo llegaba del Palacio de Bellas Artes, se ponía a leer un libro para distraerse. Aunque él sabía que había llegado ahí con su esfuerzo y que lo merecía, le rondaba en la mente el temor a equivocarse y que quizá ya no hubiera una segunda oportunidad. A pesar de esto, se sintió muy privilegiado, pues no todos tienen la oportunidad de presentarse como solistas en Bellas Artes.

Leonardo afirma que no tiene palabras para describir qué sintió cuando ganó. Le creo: su sonrisa habla por sí misma. El cantante cuenta que, mientras festejaba con sus amigos, no podía ni hablar ni pasar sus ideas de lo sorprendido que estaba. Su meta era ganar este concurso como a los 25 años; lo obtuvo apenas a los 21. A pesar de que la emoción y la felicidad son muy grandes, comparte con inquietud que ahora siente una responsabilidad mayor: “ahorita me tengo que preparar mucho más, me tengo que comprometer al doble”.

Al respecto, Leonardo me compartió una reflexión sobre la paradoja ante la que se enfrentó: no puedes ni tirarte ni pensar que eres el mejor, tanto la soberbia como la autocompasión son sentimientos muy traicioneros que en cualquier momento pueden derrotar. “No soy mejor que nadie, solo hay dones diferentes y todos los tenemos”, me dijo. No podría estar más de acuerdo con él.

Leonardo recalca que la Universidad le ayudó a lograr este sueño, sobre todo por la formación integral que le ofrece, dejándolo convivir con los alumnos de Danza y Teatro. Además, lo apoyaron para reforzar la parte escénica y musical, estimulando su desempeño en los idiomas para entender mejor la ópera y fogueándose con la orquesta.

“Ahorita me tengo que preparar mucho más, me tengo que comprometer al doble”

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Nueva York, Milán y más allá

Como Leonardo no solo ganó el Concurso Carlos Morelli, sino también los premios a la Revelación Juvenil y el Premio de la Ópera de Bellas Artes, tendrá la oportunidad de interpretar un rol protagónico por una temporada en Bellas Artes en 2017. Leonardo confesó que aunque esto le causa mucha felicidad, también conlleva bastante estrés, ya que tendrá muchos focos sobre él y no se puede dar el lujo de fallar.

Leonardo es un joven con sueños grandes, como los de cualquier universitario que está ansioso por saber que le deparará el futuro. Con una sonrisa traviesa y con seguridad en su hablar, me revela que, a corto plazo, espera sacar un repertorio de aproximadamente tres roles protagónicos, para que a los 23 o 24 años pueda irse al extranjero a varios programas de ópera, como el Merola Opera Program o al Opera Studio en Zurich.

Afirma que la mayoría de tenores en el mundo empiezan a los 28, pero como la vida está yendo rápido con él, también quiere avanzar apresurado. En un futuro más largo, le gustaría realizar su debut en el Metropolitan Opera House en Nueva York, y en 12 o 13 años, en El Teatro alla Scala de Milán, una de las casas de ópera más importantes y famosas en el mundo.

Leo me comparte que, contrario a lo que la mayoría de las personas pensamos, la ópera en México no está mal pagada. De hecho, menciona que es remunerada casi al nivel de las producciones musicales que realiza Ocesa. Lo malo de este trabajo es que no se hace mucha ópera en México, no se le hace difusión, y a los ciudadanos no se les ha inculcado este arte.

“No es como en Europa, que hay ópera casi a diario. En México, si haces tres al año, y de esas supongamos que ganas 300 mil pesos, entonces eso es lo que tienes para todo el año”. Es por eso que las voces se van del país en busca de mejores oportunidades. A pesar de esto, Leonardo afirma que estamos en un momento clave donde se le está dando la oportunidad a las voces jóvenes de México de salir adelante, se les está apostando mucho; prueba de esto es que los finalistas del Concurso de Canto Carlos Morelli harán su debut en Bellas Artes.

Cuando le pregunto quiénes son sus ídolos, se pasma y sonríe, seleccionando cuidadosamente su respuesta. Al final, resume sus inspiraciones a tres grandes de la música: Plácido Domingo –argumentando que cuenta con una trayectoria impecable–; Franco Corelli –que para él, es el tenor lírico spinto más importante del siglo pasado–; y Jonas Kaufman – a quien admira por su manera de ser histriónica en el escenario–.

Al terminar la entrevista, Leonardo, con una expresión satisfecha, se despide de mí afectuosamente. Agarra su mochila y se aleja caminando, confundiéndose poco a poco con todos los universitarios, que como él, buscan convertir sus sueños en recuerdos. A los 21, y con una promisoria carrera musical por delante, el tenor que iba a ser enfermero tiene al mundo aplaudiéndole de pie.

Carolina García
carolina.garciagy@udlap.mx