Odisea por una consulta

fuera-de-foco-logo

Hace unas semanas, una de mis mejores amigas tuvo un accidente automovilístico que, en resumidas palabras, le dejó la espalda un tanto jodida. Llegando a su casa –el colegio residencial que está por Humanidades– llamó a Servicios Médicos para ver si podía programar una cita con el ortopedista. Le dijeron que tenía que ir hasta allá a hacer la cita, independientemente de que caminar representase un dolor considerable o no.

Para quienes no han tenido la necesidad de sus facilidades o no se han dejado investigar qué apoyos les puede dar su universidad, la UDLAP tiene un centro de servicios médicos que cuenta con un ortopedista, un internista, dos médicos urgenciólogos, dos médicos generales, siete enfermeros y seis paramédicos.

Los servicios médicos de la Universidad, aunque útiles (no puedo negarlo) tienen bastantes carencias y comentarios en contra, como que el sistema para sacar las citas funcione como una fila, dependiendo quiénes lleguen, o los largos tiempos de espera. El ortopedista solo da contadas citas después de las cuatro, entre otras cosas, y si el doctor llegó a las tres, a la hora de la comida, y está comiendo mientras tú te estás muriendo, tendrás que esperar una hora.

Otra amiga, en esa época veraniega en la que a todos nos da por enfermarnos, fue víctima de la gripa y “entre un montón de zombis en la sala de espera” pasó a llenar su formulario, para esperar durante dos horas una consulta, irse, y dejar atrás los mismos zombis, pero con otras caras.

Si llegas con una intoxicación etílica –cosa que no es improbable en una universidad–, te van a mandar a un hospital y te van a cobrar, independientemente de tu seguro. Si tienes buena suerte, esperarás quince minutos para una consulta. Si no, dos horas suenan amigables.

Sí, está bien que la Universidad te dé la posibilidad de que alguien te cure todos los males que tu mamá no está para curarte, o si la primavera decidió jugar con tus alergias. Sin embargo, hace falta una reestructuración. No se puede que para programar una cita tengas que ir hasta allá, llueva, truene, relampaguee o tengas que ir arrastrado.

Yo llegué con cosa de nada, una uña enterrada. Ahí nadie desentierra uñas, pero me ofrecieron recomendarme “un muy buen podólogo”. Lo comprendo. Sin embargo, ¿qué va a pasar cuando alguien llegue con cosa grave? No sé, con quien llegue con una infección gastrointestinal de proporciones bíblicas; con un esguince catastrófico. O simple y sencillamente, con quien llegue pasado de copas. ¿Qué va a pasar entonces?

 

 

Eric H. Cetina Karsten
eric.cetinakn@udlap.mx
@ehauvery