Ofrenda para las almas dolidas

Voy a tomarme la libertad de hacer una ofrenda en esta columna, una ofrenda para aquellos que “regresan a este mundo” y que no precisamente se sienten en paz con un pan de muerto y chocolate, una ofrenda para aquellos que regresarán esperando encontrar justicia en su camino…

La muerte es una constante para nosotros. Por más que las sociedades occidentales desarrolladas la han querido evitar, por más que las tradiciones de los pueblos del mundo han querido convivir con ella, por más que las guerras y los dictadores la han querido convertir en discurso, y por más que cada uno de nosotros se quiera alejar o acercar a esa idea que eventualmente se transforma en momento. No podemos desentendernos de ella. Y no precisamente porque en determinado punto de nuestras vidas nos “llegue la hora”, más bien porque, como humanidad, siglo con siglo, presenciamos cómo muchas vidas son aplastadas y violentadas por las injusticias, cómo la muerte arrebata de manera horrorosa el último aliento de los desafortunados.

Para este país, les dejo esta ofrenda. Una ofrenda por los que una bala cobarde les quitó la vida. Una por los desaparecidos; para aquellos que murieron de frío en la calle, sin que nadie les diera cobijo; para las mujeres víctimas de un feminicidio. Una por los policías, militares y jueces que sufrieron atentados por hacer su labor de manera honesta; para las víctimas del crimen organizado; para las de la violencia interminable de este país; para todos los que mueren de hambre o por enfermedad a causa de la desigualdad (que repercute en pobreza). Una ofrenda para aquellos que sufrieron los estragos de un mal sistema de salud, otra para los políticos y gente que no se vendió a la corrupción e ilegalidad. Una ofrenda para los muertos que tapizan la frontera en busca de un sueño. Ofrenda para las víctimas de un asalto, para todos los periodistas que asesinaron por hacer su labor, para las víctimas de trata. Una ofrenda por los 43 de Ayotzinapa. Otra para los jóvenes que alzaron la voz en el 68. Una por los niños de la Guardería ABC… Una para todo mexicano que sufrió una muerte por culpa de otro al que no le interesó su vida en lo absoluto.

Para el mundo: una ofrenda para las víctimas de guerra, otra para los migrantes en riesgo y refugiados perdidos. Una ofrenda para los que sufrieron muertes por discursos de odio, una ofrenda por toda la gente que muere de hambre y enfermedad en África. Una para los que han sido víctima de un ataque terrorista, por los inocentes en Siria, para los que fueron violentados por las armas en Estados Unidos. Otra ofrenda para las almas que sufrieron una guerrilla y una última, para todos aquellos a los que el sistema les falló.

Una ofrenda por los héroes y personas inocentes que perdieron la vida injustamente en el camino.

Sé que no les dejo flores de cempasúchil, sé que no los dejo pan y chocolate, sé que no tengo una foto de ustedes para poner una veladora a su lado. Quisiera dejarles justicia (no tienen idea de cuánto). Por el momento, les dejo mis palabras, les dejo mi indignación, que por muy insensata que algunos crean que es, tiene un fundamento dedicado a ustedes, almas que en la ofrenda, buscan justicia.

Ray Ricárdez
raymundo.ricardezga@udlap.mx
@RayRicardez