Hace poco más de un año, un primo mío se mudaba a Canadá. Debido a que soy su fan número uno y que él debía reducir su vida a dos maletas de 23 kilos, me invitó a su departamento a ver los libros que debía dejar atrás y escoger varios que me interesaran para que formaran parte de mi biblioteca privada.
Ya cuando mi mochila estaba a reventar de estas piezas de arte, mi primo volteó a ver a su alrededor y me dijo: “primo, ¿no quieres un burro de planchar?”. No, no quería un burro de planchar. “¿Y una impresora?”. Sí, pero no me cabía. Buscando entre su desmadre, me encontré una cosa de madera chiquitita y hermosa. “¿Y esto?”, le pregunté. “Es un ukelele que me compré la última vez que fui a Canadá. Lo intenté tocar como tres meses, me aburrí y lo dejé. ¿Lo quieres?”.
Así fue como este pequeño instrumento hawaiano llegó a mis manos. Arrivé a mi casa, abrí YouTube y me puse a buscar tutoriales, y me di cuenta de que las melodías que de este coso salían –sin importar que su calidad de “melodiosas” fueran cuestionables– me ponían de buenas. Así que, en un acto ególatra de alegrarme la vida durante la universidad, decidí un día o dos pasearme por el campus tocando. Al principio, la gente me vio raro. Después, unos cuantos se me acercaron, platicaron conmigo y hoy son de mis mejores amigos y amigas.
Por alguna razón, esta música alegra el corazón de las personas. En esta lista dejo unas cuantas de las canciones en ukelele que más me gustan, en una variación entre unas más conocidas y otras no tanto.
Eric H. Cetina