El triunfo de Trump es lo mejor que nos pasó

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La mañana del miércoles 9 de noviembre fue una mañana como cualquier otra. El mismo olor a pan recién tostado subió por las escaleras hasta mi cuarto. El despertador sonó a la misma hora de siempre y el tráfico a la Universidad se mantuvo casi sin alteraciones. Sin embargo, todo se sentía diferente. Los mexicanos en este país, y en muchos otros, nos despertamos con la certeza de que Donald J. Trump sería el presidente de Estados Unidos. Incertidumbre, impotencia, perplejidad y tristeza reinaron en las mentes de hasta los más antipáticos. Nadie se pudo dar el lujo de comentar “me es indiferente”.

Los miedos son muchos. Un muro que limitará a los migrantes, deportaciones masivas de familias ya establecidas, remesas confiscadas; estamos hablando de una devaluación sin precedentes del peso mexicano. Todo lo anterior aunado a un odio racial hacia nuestros paisanos. Nadie pensó que eventualmente tendríamos que preocuparnos por estas cuestiones. No podemos más que criticar el voto americano: “ignorantes, campesinos, inútiles”. Los mexicanos no podemos creer la incompetencia de quienes votaron por Trump y no entendemos por qué no vieron una verdad tan clara: Hillary era la mejor opción.

La verdad es que la victoria de Trump estuvo conformada por millones de votos bien pensados, analizados y emitidos de la manera más racional. Las ideologías de estas personas no surgieron con la candidatura de nuestro señor naranja, fueron forjadas décadas atrás; simplemente, salieron a flote.

Todos pensamos que en el momento en el que el adjetivo “racista” se acomodara sobre el candidato republicano, Hillary tendría las de ganar. Pensamos que los americanos caerían en cuenta de que Trump era misógino, xenófobo y agresivo, y cambiarían de lado en la boleta. Lo anterior fue precisamente lo que impulsó la victoria. Si para ellos hacer a América “grande” otra vez significa regresar a tiempos donde la población era principalmente blanca, sin mujeres en el poder, su voto tiene muchísimo sentido. Eso es América.

No están en nuestras manos las políticas que se implementarán en los próximos cuatro años en Estados Unidos, pero sí hacer de esta desgracia una oportunidad para México. Diversifiquemos nuestro mercado con otros países del mundo, cortemos esa relación de dependencia con nuestro vecino y más importante: crezcamos hacia adentro. Generemos nuevos empleos para así estar contentos con el hecho de que nuestros mexicanos en el norte están regresando a casa. Generemos industria poderosa, que compita en mercados internacionales. Reduzcamos la corrupción, las instituciones excluyentes, la mediocridad y la individualidad. Digámosle a los viejos que el futuro no está en manos de las nuevas generaciones, que está en todos. No compremos bolsas francesas caras, compremos mexicano. Si el límite de velocidad es 80, vayamos a 80 y si conocemos nuevas personas, hagámoslo desinteresadamente. Seamos tolerantes y nunca critiquemos el éxito de los demás. Somos un país soberano y, como tal, no somos propensos a los ataques de Trump; consigamos la fuerza necesaria para que el hombre también lo sepa. Ante nada tengamos miedo, ante nada creamos que debemos algo o seguiremos siendo débiles frente a Estados Unidos, porque entonces estaremos en problemas.

Serán tiempos difíciles los que vienen, pero también serán los tiempos que nos obliguen a cambiar. México necesitaba desesperadamente ese cambio hace ya varios años y debemos agradecerle a Trump por obligarnos a hacerlo. Exijámosle a nuestro propio pueblo todas esas cosas que nos gustaría que el americano fuera, cambiemos en nosotros mismos todo aquello que nos molesta de nuestros vecinos y entonces seremos una nación que no los necesite.

Valeria Santos Vinay
valeria.santosvy@udlap.mx
@ValeriaSVinay