La chica bimilenaria

La línea entre millennials y generación Z está cada vez más borrosa. Al nacer a finales de los noventa me encuentro en una situación confusa: no sé dónde caigo dentro de estas dos generaciones. No me puedo identificar con el shock tecnológico que vivieron los millennials, ni puedo entender lo que es crecer con una computadora portable tan pequeña que cabe en mi bolsillo como lo entendería alguien de la generación Z. Ya había nacido durante el ataque terrorista en World Trade Center, pero no me acuerdo de nada, ya que estaba por cumplir tres años. Sí soy muy activa en mis redes sociales, pero no crecí viendo a los youtubers como un modelo a seguir y todavía llegué a rentar películas en Blockbuster. Ni el internet sabe clasificar lo que soy. Si buscas ambas generaciones vas a encontrar muchos puntos de partida.

Mientras más uso mi tiempo para tratar de encontrar mi clasificación me pregunto lo siguiente: ¿verdaderamente quiero pertenecer a alguna de estas generaciones? Verán, cada vez que investigo sobre estas generaciones parecen ser bastante odiadas por la comunidad virtual. Es imposible que las noticias no culpen a los millennials de algo. Siempre es: “los millennials destruyen la industria cervecera” o “los millennials quiebran las jugueterías”. No suena divertido ser parte de una generación que es culpada por todo.

Por otra parte tenemos a la generación Z. Hasta los millennials suelen ver como inferiores a la generación más joven. Siempre los ven como si tuvieran todo muy fácil. “Nunca sabrán lo que es ir a la biblioteca por una enciclopedia para poder hacer su tarea” “Son conocidas como la generación sin valores, ya que todo se les ha sido entregado en bandeja de plata”. Entonces puedo escoger ser una destructora de todo lo sagrado o alguien sin moralidad alguna. Ninguna de las opciones suena muy atractiva.

Tal vez la falta de separación generacional sea algo bueno. No me concentro en menospreciar a algún individuo por el simple hecho de su fecha de nacimiento. No englobo las características de alguien y sé reconocer la individualidad de dos sujetos que nacieron en el mismo año. Buscando pertenecer, me cayó el veinte; no me voy a encapsular en una sola categoría. A final de cuentas soy lo que siempre fui: una chica bimilenaria.

 

Anna Gabriella Cavagliano Martínez

anna.cavaglianomz@udlap.mx

@AnnaGabriellaCM