La marcha se dio en el centro de la ciudad Puebla juntó diversas universidades como la UDLAP, IBERO, UPAEP, ANAHUAC, BUAP, entre otras instituciones y ciudadanas. Esta jornada se hace cada año el 8 de Marzo donde se persigue buscar la seguridad, la libertad de expresión, y una vida mejor para las mujeres, aunque también se llega a buscar a mujeres desaparecidas y difundir un mensaje que mueva y conscientice a la sociedad.
“Esta fecha no se celebra, tampoco se conmemora. Se lucha”.
Este día empezó realizando pancartas y estudiantes alistándose para acudir al evento, jóvenes y adultas vestían de morado, lila, rosa, verde, o negro. Dentro de este movimiento cada color significa una búsqueda de algo diferente, ¿Qúe se busca? El aborto legal (verde), la sororidad (morado), bloque de fuerza (negro), un alto a la violencia de género y conmemoración a las muertas de Juarez (rosa).
Amigas y hermanas vistiéndose de cualquiera de estos colores son la preocupación de mamá, significa que tal vez no puedan llegar.
Todas unidas llegaron al punto de reunión donde comenzaría la articulación antes de llegar a la manifestación.
Subiendo los camiones existía el miedo en cada una de mis amigas y colegas, subimos. El camión estaba lleno de expectativas pues de muchas era su primera vez manifestando. En el trayecto se escuchaban las pláticas tranquilizadoras que todas estábamos buscando, “Todo estará bien, no se separen, y apréndanse las señas de emergencia”.
Después de un tiempo observé que un hombre se había subido al camión, y con miedo pregunté ¿Usted es?
«Mario, hoy voy a acompañarlas y cuidarlas mientras están en la marcha, estaré junto a ustedes. Mucho gusto.»
Llegando al punto de encuentro lo primero fue aprender las señales de emergencia, que las organizadoras tenían previsto por si ocurría una desgracia o alguna situación imprevista.
Una de las primeras cosas fue anotar los datos personales en alguna parte de tu cuerpo y que este no se viera a simple vista.

SOLO POR SI ACASO
Al llegar al parque de Paseo Bravo, a la mayoría de las manifestantes se dieron informes sobre qué camión deberían tomar de acuerdo a su registro. Para diferenciar el colectivo se daba un distintivo morado para colocarlo en la muñeca.
Llegaron las personas que viajaban en los camiones y empezó lo más difícil, reconocer caras, vestimentas y aprenderse los nombres por sí alguna de nosotras desaparecía en la marcha.
LLEGÓ EL CONTINGENTE UDLAP
Al bajar de los camiones todas recibimos indicaciones y por medio de walkie talkies se mantenían en contacto todas las organizadoras con su grupo al cuidado. Juntas avanzamos hasta llegar «al Gallito», donde pudimos meternos a la interminable columna de mujeres que gritaban ¡mujer escucha, esta es tu lucha! Predominaba el morado en todo, carteles, maquillaje y vestimenta.
Se delimitó al contingente con una soga para que nadie ajeno a la Universidad con intenciones desconocidas pudiera entrar.
El ruido que producían las gargantas desgastadas decía que todas llevaban tiempo gritando y cantando las consignas que cualquier feminista primeriza debería saber.
Caminando por las calles se sentía la unión y fuerza de las manifestantes, todas cantando al unísono ¡La policía no me cuida, me cuidan mis amigas!
Muchas mujeres traían carteles con mensajes que calaban el alma, y que te producían asco hacía la sociedad del ahora.
Algunas tapaban su rostro, otras usaban pañoletas que escondían la mitad de su cara. Pero la mayoría iba al descubierto sin tapar sus facciones.

LOS OBSERVADORES
Al avanzar con el contingente muchas personas estaban quietas observando la magnitud de la marcha, hombres se detenían a grabar o solamente miraban fijamente a las mujeres.
En cambio, aquellas que no pudieron unirse a nosotras desde la ventana de sus trabajos se observaba mensajes de apoyo, y se podía sentir que enserio deseaban estar en la manifestación, o por lo menos sus gritos inferían eso.
Al mirar a los costados, había mujeres de todas las edades, niñas, ancianas, adolescentes, jovencitas, etc. Y todas eran diferentes entre sí, pero lo que nos unía a todas era la causa y el sentimiento a ser “una más”.

LLEGADA A LA FISCALIA
¿Y qué hay de nosotras aparte de nuestra voz?
Metros antes de llegar a la Fiscalía se escuchaba las voces de cientos de mujeres cantando “Yo todo lo incendio, yo todo lo rompo, sí algún día un fulano te apaga los ojos”.
Todas corrieron para llegar con nuestras hermanas, pero obviamente con menos energía ya que las manifestantes habían alcanzado los ya 6 kilómetros.
¿Hubo algún inconveniente?
En algún momento las universitarias tuvieron que correr para no dejar espacios en el contingente, por lo que las organizadoras actuaron y guiaron al grupo para no dispersarse.
El final de la historia
Todas se veían seguras, con mucho empoderamiento y rabia de observar lo que muchas habían callado, y lo mucho que han soportado.
La llegada de los camiones al punto de encuentro significaba que estábamos a salvo e íbamos de vuelta a la Universidad. La cara de alivio de las manifestantes y pensar que no fuimos otra noticia de la desaparición de universitarias es algo que jamás olvidaré.

Ayelen Hernández Julián
Reportera de campus