Quiero deleitar a mis sentidos con la contemplación de tu existencia y todo aquello que emana de ella.
Quiero oír la voz que, en sueños, a duras penas, puedo escuchar y que una vez despierto ya no está.
Quiero verte para poder recordar tu silueta al caminar, al sonreír, al respirar.
Quiero poder oler tu perfume, no por deseo, sino por mera curiosidad. Quizás cambiaste de fragancia, quizás cambiaste tu manera de ir deleitando, con el aroma de tu alma, a la eternidad.
Quiero tocar tu mano, rozar tu mejilla y deslizar mis dedos entre tu cabello para impregnar tu esencia en mi banal mortalidad.
Y ya, por último, y con la más grande avaricia, un beso te pediría. Sin sensualidad, sin pasión de por medio, solo como un recuerdo para poder tener al fin, de ti mi cura, el remedio.
Fernando Juárez Avilés
Reportero de Lado Alterno
fernando.juarezas@udlap.mx