La lluvia se ama o se odia, te hace llegar tarde o te salva de ir algún lugar al que no quieres ir; te empapa o te arrulla. Pero la lluvia tan solo es agua que cae del cielo. En fin, a mí la lluvia me recuerda al verano; mi cumpleaños es en verano y suele llover. Sé que la estación se trata más de sol y calor, pero también es cuando todo es más verde. Los jardines se mantienen coloridos porque, así como reciben sol también reciben lluvia. Pero más allá de recordarme al verano porque llueve, me lo recuerda porque fue entonces que hice mis recuerdos más preciados con la lluvia. Me recuerda un par de amigos que animan a otro a correr en ella. A correr para sentirlo todo y después soltarlo. Me recuerda a una dulce niña que me ayudo a disfrutar los rayos tanto como ella al verlos como un retrato más allá de algo estruendoso que te hace saltar. Me recuerda el caos de una tormenta que transformó corazones comunes en unos de consuelo para los más pequeños y ellos mismos, muchos corriendo y pequeñas llorando a las que convences de que todo estará bien y que las cuidarás para verdaderamente convencerte a ti de que estarás bien, aunque no estás muy segura de ello. Me recuerda cosas que son tan cálidas al corazón, aunque me da mucho frío y me pone alerta. Me encantaría algún día bailar bajo la lluvia, pero aún no me he animado. Aun así, la admiro muchísimo, sobre todo cuando deja gotas por todas partes haciendo que se vean destellos en las superficies como en el pasto, pero mi ejemplo favorito de esto es en el espejo retrovisor de un coche. Es increíble como incomoda tanto, pero trae vida, es agua que cae del Cielo.
Gabriela Huitrón García
Editora de Campus