Historia corta
Eran las 8:00 am de un lunes muy aburrido. Estaba sentado comiendo mi desayuno: un plato de chilaquiles con una porción de frijoles con queso; salía un pequeño humo de mi cuchara. Desde que había llegado a esa mesa me sentía incómodo, observado. Decidí ignorar aquel inconveniente sentimiento, y cuando estaba por probar mi comida ahí estaba él, de ojos verdes y grandes, de un pelaje blanco con manchas negras, con unos blancos bigotes observándome con cautela. Me pregunté en ese momento ¿Querrá algo?, aunque si quisiera algo es obvio que no me lo podría decir.
Así que asumí lo más obvio: él quería comer. Pero es un gato, no puede comer chilaquiles. Lo pensé por un momento y le di un pedazo de pollo de mis chilaquiles manchado de salsa de jitomate.
Se lo di y rápidamente se lo comió de un bocado, volvió a sentarse y a mirarme como lo había hecho antes. ¿Será que quiere más?, pero es un gato ¿cómo puede comer eso?
Entonces me di cuenta, no le importa mucho lo que reciba solo busca saciar su hambre. Él está acostumbrado a recibir lo que sea de nosotros. ¿Qué importa sí lastima su lengua, la acidez de la comida? ¿O si algo le produce taquicardia? ¿Importa si es tóxico?
Me sorprendí haciendo una comparación entre el gato y yo. ¿Es que yo también soy ese gato que come chilaquiles? ¿Cuántas veces acepté los tratos de otros que me producían taquicardia? ¿Cuántas veces acepté ingerir las opiniones que sabía que me iban a lastimar? ¿Cuántas veces? ¿100? ¿200? ¿1,000?
El pobre seguía mirándome, sus huesos sobresalían de su pequeño torso. Esa escena me deprimió, así que salí a buscar algo más adecuado para él. Leche y en un traste del tamaño de mi mano se la di. Se acercó, la olió y la empezó a beber.
Después de 5 segundos, ya no la quiso.
Pensé que aquella criatura era más humana que yo, rechazando lo que se supone que es para él. ¿Será que así somos todos? Pero qué estoy diciendo solo es un gato.
Ayelen Hernández Julián
Editora de Lado Alterno