Heredé la facilidad para resolver sistemas de ecuaciones de mi padre
y la aversión por las tareas domésticas de mi madre,
nunca tuve hermanos,
no salía de casa.
Desde hace un año me vi obligada a dormir con alguien más en el cuarto,
a compartir el baño con 6 personas,
a lavar mi ropa, mis trastes, trapear el piso,
a resolver ecuaciones.
Descubrí que la vida se vive bien escuchando a diario alarmas
que no despiertan a nadie a las seis y media de la mañana.
Mi mundo cambió para siempre
y yo he cambiado con él.
Comparto lágrimas y risas con personas nuevas
Descubrí que los vínculos no necesitan llamarse amor para ser valiosos
He aprendido a conectar con la gente a través de mi rareza
Encontré inspiración entre las estrellas y la profundidad del espacio
Todo ha dolido mucho,
pero estoy aprendiendo a ocupar espacio,
a reconocer mis lágrimas,
a sostenerme con paciencia
Encontré refugio en estas subidas y bajadas,
a pesar del caos y de la incertidumbre
sobrevivo y resisto
y me enorgullezco de ello
Acá me he inventado una nueva familia
aunque muero por volver a casa
me mantengo al corriente de las tareas domésticas
y ya no sé resolver sistemas de ecuaciones.
Larissa Monserrat Romero Sánchez
larissa.romerosz@udlap.mx
Reportera de Lado Alterno