El Tonto es el Precursor del Salvador

Imagina que quieres aprender artes marciales, no tienes idea del tema, pero en verdad tienes interés por practicarlo. Tienes miedo de ser la burla de todos y de ser rechazado por no tener la misma habilidad que los demás. Ves a niños practicando las patadas, los movimientos, las defensas y todos ellos son increíbles en el deporte. Ves que hay una diferencia de 10 años entre ellos y tú, sin embargo, tus movimientos son torpes, no tienes fuerza y tu condición es penosa. Es imposible no compararte y te desanimas, lo más difícil es ir todos los días sabiendo que eres el tonto del grupo. En realidad, no hay otra alternativa, hay que estar dispuestos a ser un tonto para poder dejar de serlo.

Cuando entramos a un nuevo trabajo, empezamos a aprender un idioma o estudiamos una materia, descubrimos lo mucho que no sabemos, esto puede ser desalentador, pero es la parte más difícil. Como lo dice Carl Jung “el tonto es el precursor del salvador”. Para hacer algo que valga la pena, es necesario aceptar que uno es terrible en ello, este cambio de perspectiva nos permite afrontar la situación con humildad, pues si algo es seguro es que nadie nace sabiendo. A esto se refiere la curva de aprendizaje, al inicio parece que el esfuerzo no te lleva a ninguna parte, pero a través de esfuerzo y sacrificio, comienzas a mejorar hasta que en poco tiempo te vuelves en un experto.

El problema es la comparación con los demás, cuando eres un experto la idea de compararte con un novato ni te pasa por la cabeza porque es algo absurdo, reconoces que quien va empezando necesita de paciencia y apoyo para que pueda mejorar. ¿Por qué cuando eres el novato te castigas a ti mismo comparándote con los mejores? Es necesario que nosotros nos pongamos en situaciones difíciles en las que tenemos un conocimiento o habilidad casi nula, pues es ahí donde se logra aprender exponencialmente.

En nuestra cultura, solemos ridiculizar a la persona que va empezando, todos cometemos errores y algunos errores son más tontos que otros, pero ¿por qué hacer menos a las personas que cometen errores? En países como Estados Unidos, los errores no son demonizados, ellos saben que los errores son necesarios para aprender. Cuando cometamos un error, no debemos preocuparnos, reconozcamos que queremos mejorar y que ese error solo nos acerca a nuestro objetivo, ya sea convertirse en el mejor estudiante, empleado, gerente, hijo o hermano. Cuando alguien más cometa un error, no nos creamos mejor que esa persona solo porque nosotros ya pasamos por eso, hay que aplaudir el coraje de esa persona para equivocarse y aun así seguir intentándolo.

José Pablo Aguilar González

jose.aguilargz@udlap.mx

Reportero de Redacción