Lugar subjuntivo, en el titular de la obra se utiliza para hacer referencia a un lugar indefinido o incluso hasta uno imaginario. Al principio lo es porque, como todo libro nuevo, lo entiendes hasta que te adentras en él. En este caso no es como tal una historia la que entiendes sino al autor Rafael Rodríguez Castañeda, quien narra sus vivencias. Los relatos los escribe sin hilar el uno con el otro. A través de títulos como “Tepalcates” o “Matar al gato”, permiten que el lector entre a un lugar muy íntimo, a su memoria.
Ver a un México nostálgico, a través de los ojos de Rafael, no es solo viajar en el tiempo. Es entender las carencias de un sistema por la ausencia de unos zapatos blancos y cómo una mamá incansable las hace desaparecer. Es también explorar las calles de la ciudad de Pachuca a través de un reloj monumental. Un Lugar Subjuntivo para Rafael, a través de su escritura, en la que destaca un vocabulario amplio que cuida con detalle cada fragmento narrado, se convierte en un lugar al que el lector accede como si siempre hubiera estado ahí.
Esta obra es uno de esos libros que vale la pena releer, para que Rafael vuelva a contar sus memorias como lo hace un amigo. La importancia de este tipo de textos, más allá de dar a conocer un México que fue y que ayuda a entender el que hoy es, también se encuentra en la estructura de este. Cuenta cosas sencillas que Rafael recuerda pero que al rememorar y compartir las convierte en tesoros. Tesoros que no solo contienen pausas y perspectiva, sino también cargas desbordadas de alegría, diversión, nostalgia y con sus matices de fe.
Una obra completa que se contrapone a la rutina de la inmediatez para compartir recuerdos a través de una narración genuina, que independientemente de ser un lugar que podrías o no estar descubriendo apenas, sin querer te hace pensar en tus propias memorias.
Gabriela Huitrón García
Editora en Jefe
gabriela.huitronga@udlap.mx