Museos internacionales contra Elefantes blancos

Polémica en torno al nuevo Museo Internacional Barroco

El año pasado se dio a conocer la próxima construcción del Museo Internacional Barroco (MIB) en Puebla. Dicha construcción se emplazará en la zona de Angelópolis y ha generado polémica tanto por su edificación contemporánea como por el tema del museo. La Catarina entrevistó a dos profesores del Departamento de Letras, Humanidades e Historia del Arte para conocer más acerca del próximo espacio cultural.

Laurence Le Bouhellec Guyomar

Foto por: María Olivia Sosa Lira
Foto por: María Olivia Sosa Lira
Alberto López Cuenca

Foto por: María Olivia Sosa Lira
Foto por: María Olivia Sosa Lira

¿Cuánto costó el proyecto?

No estoy al tanto de quién lo financia, ni tengo la cifra exacta,   lo único que yo sé es que los acuerdos económicos y financieros ya se han   hecho: el proyecto ha sido aprobado por el ICOM (International Council of   Museums) y por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo   Económicos). Quizá es un dato que mucha gente no conoce, pero creo que vale   la pena tomarlo en cuenta. Esto para asumir que no sólo es el capricho de   unas cuantas personas; claro, hay gente que toma las decisiones, por eso ocupan   determinados puestos de poder, es parte de su papel. Pero en este caso el   proyecto ha sido presentado a instancias internacionales. Hay algo de   fundamentación.

 

No conozco el proyecto y creo que nadie lo conoce. No hay una   propuesta pública de por qué abrir un museo con ese perfil, cuál será el   objetivo, a qué tipo de públicos está dirigido y  qué tipo de relaciones sociales motivará.   No existe un proyecto curatorial ni se ha dicho cuál es la colección. Creo   que hay una información básica de la cual no se dispone, sobre todo para un   proyecto de esa envergadura, es un proyecto muy ambicioso, de alrededor de 1   390 millones de pesos.

Es una inversión mayúscula y creo que no ha habido difusión. No   publicitaria, sino de cuál es el plan programático y de cómo va a funcionar,   cuál ha sido el estudio para insertarlo ahí, cuál es la oferta cultural que   hay y cómo se inscribe o replantea la oferta cultural existente.

 

¿Qué opina acerca de la   arquitectura del proyecto?

Se iba a presentar la maqueta en el coloquio Alianza Barroca que   tuvo lugar en Enero, pero el arquitecto del proyecto, Toyo Ito, canceló una   semana antes. La apertura está planeada para el 2016, dos años de   construcción es razonable.

 

No podemos desconectarnos de nuestra contemporaneidad. Mucha gente   ha sido reacia a ciertos enfrentamientos arquitectónicos. Pienso en Ming Pei   cuando hizo las famosas pirámides en el patio interior del Louvre. A la gente   no le gustaba porque era agresivo visualmente, y lo que vemos hoy es que se   ha logrado integrar; hay gente que disfruta el contraste entre estos dos   tipos de arquitectura. Somos reacios porque nos asusta, el hombre es poco   propenso al cambio y lo relaciona con elementos negativos.

 

Toyo Ito responde a qué, ¿cuál es el plan curatorial? Es como si   alguien construyera una casa y después llegara a preguntar: “ah… ¿y cuántos   son? ¿Tiene muchas visitas?”

 

 

 

¿Puede funcionar un   proyecto como éste?

En cualquier proyecto hay un factor riesgo. Guggenheim Las   Vegas  fracasó y también se hicieron   estudios de mercado. No podemos asegurar nada al cien por ciento. Yo pienso   que tenemos que ser optimistas y no limitarnos a pensar que lo nuevo nos   traerá problemas.

Hay que tomar en cuenta que el concepto de museo se ha desplazado,   ha dejado de ser un contenedor y se desplaza a ser un centro cultural. Un   lugar en donde haya un centro de investigación y sea un punto de referencia   para coloquios, simposios, etcétera.

 

Hay que discutir muchas cosas antes del proyecto, porque a estas   alturas el museo no es un edificio; es un reticulador de relaciones sociales   en torno a él. Si sólo se concibe como atractor de turismo sólo provocará   empleos precarios: personas de vigilancia, gente trabajando en la cafetería,   etcétera. Es diferente si se concibe como un nodo que se articula con   espacios ya activos: universidades, comunidades de acción cultural, qué se   yo.

 

¿Cuál es la causa   principal de la polémica en torno al museo?

Parte de la polémica tiene que ver con lo que arrastra cualquier   proyecto que no hace consenso dentro de una población y del cual la gente no   está completamente enterada. Hay polémica porque no todos se ponen de acuerdo   en qué se entiende por “barroco”.

Hay gente que se pregunta en los periódicos para qué construir un   museo de arte barroco cuando el Centro Histórico ya de por si funciona como   tal. Lo primero que hay que entender es que el “barroco” se puede entender de   dos maneras: primero como un estilo artístico de determinado periodo   histórico. Segundo, como lo que los filósofos y sociólogos como Bolívar   Echeverría y Michel Maffesoli han trabajado como ethos,   que remite a un estado de ánimo y una forma de emplazamiento existencial: una   forma de pensarse y concebir la vida. Esa forma de ver el mundo se proyectó   en determinado tipo de pensamiento filosófico, de dinámicas societales,   música, arquitectura, etcétera. Echeverría contrapone el ethos barroco con el ethos   clásico o romántico.

Debido a que el barroco no se maneja desde una estricta visión   estilística, sino como forma de emplazamiento, podemos proyectarlo fuera del   Centro Histórico.

Pero sí hay un  problema de   comunicación fuerte. Si la gente no se siente involucrada, normalmente no es   muy bueno.

Creo que las decisiones se han tomado sin consenso. Esto apuntaría   a que se repiten las malas prácticas que han conducido a la creación de   grandes elefantes blancos. Eso me parece que es problemático. Para que el   museo de verdad funcione de otra manera, como se ha dicho que sucederá con el   proyecto, debe funcionar diferente desde el principio: desde la manera en la   que es concebido y de la manera en la que se hace a la comunidad partícipe. Y   si tanto abogan por que va a ser un museo distinto, yo veo las mismas formas   de siempre: opacidad, inversiones megalomaníacas, arbitrariedad, falta de   calidad respecto al proyecto museográfico, oscuridad sobre cuáles son las   colecciones.

Pongo un ejemplo: El MoMA (Museum of Modern Art) se rehace en 2000   y estuvo cuatro años reformándose. Hubo un concurso público aun cuando la   institución es privada, trajeron cuatro arquitectos y se les encargo un   proyecto, para entonces ya habían hecho mesas redondas con artistas locales,   especialistas internacionales, directores de museos, con miembros de la   comunidad local. Cuando tuvieron eso convocaron a concurso público. Aquí todo   se ha hecho de dedazo con dinero público. Eso es inadmisible.

 

¿Qué piensa acerca del lugar en donde se construirá el museo?

El museo empieza desde el afuera del museo. Otra parte de la   polémica viene porque hay gente que se pregunta, por la zona en donde estará   el museo, cómo llegar. El MIB ocupará un espacio en el Ecoparque   Metropolitano. Tomando en cuenta que esa zona se conectará con puentes   peatonales, hay un proyecto de hilar para que se pueda llegar. Podemos   transitar por arriba sin uso de coche o autobús.

 

El Ecoparque es inaccesible. Hay un desprecio por la comunidad   local. En España pasa algo muy similar: para las administraciones públicas lo   que necesita la cultura son edificios, infraestructura. En España se han   construido más de 60 centros de arte en 10 años. La perspectiva es   unidireccional: el gobierno decide quién y en dónde se hace, quién es el   director. Lo que hace es generar una suerte de restructuración de la   geografía urbana en torno a ese tipo de intervención, en el caso de Puebla es   clarísimo, ¿por qué el museo va en la zona de mayor plusvalía económica   actualmente? Una zona problemática, porque  Angelópolis es expropiada a principios de   los noventa por Bartlet para una utilidad pública, ahora todo lo que se expropió   se ha vendido y cachito por cachito, concesionando.

Lo que queda ahora son pequeños remansos de espacios públicos: el   parque y el museo son para revalorizar el entorno, para que los inmuebles se   revaloricen.

Con sólo 100 millones de pesos podrías hacer de Puebla un gran   centro cultural. No se ha hecho porque “no sales en la foto”: la continuidad   como político se encuentra en redefinir la geografía urbana. El problema de   apoyar a la ciudadanía es que no se ve. Lo cual es lamentable porque hay todo   para hacer de Puebla un centro cultural: universidades, productores   culturales, artistas.

 

¿Qué piensa del proyecto a   largo plazo?

 

Yo sí estoy le tengo fe, siempre estoy muy a favor de lo nuevo. Lo   que teme la gente es que cuando se cambie la administración, no se le dé   continuidad. Yo espero que sí haya base, porque el proyecto está muy   interesante.

La primera exposición es sobre la Nao de China, el primer coloquio   será sobre Ciencia, me parece una buena propuesta, porque el barroco es algo   más que un estilo.

 

 

 

 

 

 

 

Me alarma la quietud con que la comunidad la está aceptando. Me   gustaría volver a hablar en 2018 y 2020, si se llega a acabar el museo y que   al próximo gobernador no le interese o quiera el suyo

 

 

 

 

 

 

 

 

Jennifer Mc Namara

jennifer.mcnamarags@udlap.mx