Vivo a tres cuartos la vida. Compás en el cual nuestros recuerdos bailan y sus almas sollozan. Es la cadencia, es el ritmo, es el letargo de nota a nota sin ligaduras ni silencios. Es a la voz de un ángel que mis oídos palpitan. Un, y dos, y tres; reinician. Cellos, violines y violas que a paso de arco mis ojos desbordan. Y es cuando entran los platillos a manera de marca sensacional que mi corazón explota. Nuestras sombras siguen bailando y nuestras miradas cautivas. Es fijación por el suave toque de nuestras manos sosteniendo el relato. A marca de dos puntos y una línea termina la historia. Sin embargo, el sonido persiste y las notas flotan. Queda el silencio, éste continua, resuena, me ilusiona.
Fernando Juárez Avilés
Reportero de Lado Alterno