Cambio

Poco a poco, menos me acompaño
Del año pasado y sus personas del cuarto amargo
El santo, la santa, la manta que me abrazaba
Y cuando todo mal estaba
Yo era canto en el estrago
Del que en llanto
me cantaba

¿Qué más daba si hasta el sartén sobraba?
No quería mucho,
no pedía realmente nada.
Pero el estruendo de su risa
no comprende, ni se halaga.
Sus cuetes, balazos y la ceniza de los volcanes
Nada sentía pues no escuchaba
en pasos tercos y holgazanes.

Caigo y me arrepiento
de haber olvidado hacer pan los domingos,
de no haberme estirado en las mañanas;
de falsas historias, de falsas entrañas
y de haber peleado victorias extrañas.
Hoy nada son mis mañas y memorias,
cuando escalo en mi monte de viejas lagañas.

Y cambio.
Cambio porque qué fácil es cambiar
las cobijas de lana.
Limpio a puñados reflejos
de una casa de vientos
y mis cuentos y mis diarios, y platillos robustos.
Doy tragos sin copa, sin uva o retrogusto
Cambio
Cambio la fábula de la casa embrujada
De la niña pelona y la brisa pesada
Cambio
Porque así mi reflejo se queda en mirada.
Cambio mi ropa
Y mi cuerpo, sana.

Colaboración con DebSoc
Julieta Sierra Banegas
julieta.sierrabs@udlap.mx