La contaminación por derrame de petróleo crudo es uno de los grandes problemas ambientales que enfrenta el mundo hoy en día, pues a nivel global la industria petrolera produce aproximadamente 12 millones de toneladas métricas de residuos de hidrocarburos al año (Albayati, 2013). Los derrames petroleros se pueden deber a diversos factores, como accidentes en plataformas petrolíferas, operaciones de perforación y procesos de transporte, roturas de oleoductos o naufragios de buques petroleros. Como consecuencia del petróleo derramado, existen efectos devastadores en los ecosistemas marinos y costeros, afectando la vida silvestre, dañando los hábitats naturales y contaminando el agua y el suelo (Jabbar et al., 2022).
Hoy en día existen varias formas, tanto biológicas como fisicoquímicas, para tratar la contaminación del petróleo; por el lado de los métodos fisicoquímicos está la extracción con disolventes, la desorción térmica, la incineración, el horno de cemento y el vertido. El problema es que son costosos y requieren del transporte de grandes cantidades de materiales. Por otro lado, los métodos biológicos se consideran tecnologías óptimas y limpias para la biorremediación de sitios contaminados por petróleo (Patowary, 2018).
Pero, ¿qué es la biorremediación? Es un método que consiste en usar microorganismos para limpiar agua subterránea y suelos contaminados. Estimula el crecimiento de determinados organismos que usan los contaminantes como fuente de alimento y energía, principalmente el petróleo y sus derivados (EPA, 2012). Sin embargo, el método más efectivo en la degradación de hidrocarburos es el uso de los hongos, incluso aún más que las bacterias (Munnecke, 1998).
Los hongos son organismos heterótrofos, esto quiere decir que dependen de la obtención de alimento del entorno para poder vivir. Es por esta necesidad que han desarrollado, a lo largo de su evolución, diversas estrategias para su supervivencia. Estas adaptaciones han convertido a los hongos en un grupo sumamente diverso e importante para el ciclo de la naturaleza, pues se encuentra presente en casi todos los ecosistemas del mundo (Heredia-Abarca, 2020).
Dentro de las pocas especies que sobreviven a la contaminación con petróleo crudo, forman parte los grupos o cepas fúngicas, como los hongos filamentosos. Estos se caracterizan por ser aerobios, de amplia distribución geográfica, son capaces de reproducirse en condiciones extremas con niveles de pH que oscilan entre 3 hasta 12 y resistentes a temperaturas entre 2°C y 60°C (extremófilos), esto los hace organismos ideales para la biorremediación por los derrames petroleros. Así mismo, cabe mencionar que la mayoría son simbióticos con las demás especies microbianas presentes en los suelos, además de que poseen un mecanismo de supervivencia adaptativo para utilizar el carbono desde el petróleo crudo como su fuente energética (Bedoya, 2018). Existen distintos hongos capaces de degradar una amplia gama de contaminantes derivados del petróleo, y suelen encontrarse en ambientes como suelos, pozos y áreas marinas. Como ejemplo, los hongos de los géneros Thichoderma y Mortierella se aíslan con mayor frecuencia de suelos contaminados, mientras que las especies de los géneros Aspergillus y Penicillium son comúnmente encontradas en ambientes marinos y terrestres afectados por este tipo de contaminación (Valenzuela et al., 2006).
En conclusión, comprender la importancia de los hongos en la biorremediación de suelos contaminados con petróleo es fundamental tanto para el desarrollo de soluciones sostenibles frente a la contaminación ambiental, como para apreciar el valor de la comunidad fúngica en la evolución de la vida. Su capacidad para degradar hidrocarburos, gracias a su complejo enzimático, los convierte en una herramienta clave en la restauración de ecosistemas afectados, reforzando el hecho de que son imprescindibles para el equilibrio de los ecosistemas. Aprovechar el potencial de estos microorganismos, puede mejorar significativamente los esfuerzos de limpieza de suelos y cuerpos de agua, contribuyendo a una recuperación más rápida y eficiente de los ambientes contaminados y logrando minimizar la huella ambiental.
Camila Fernández Nava
Reportera de ciencias
Referencias
Albayati, T. M., & Doyle, A. M. (2013). Shape-Selective Adsorption of Substituted Aniline Pollutants from Wastewater. Adsorption Science & Technology, 31(5), 459-468. https://doi.org/10.1260/0263-6174.31.5.459
Bedoya Ciro, C. C., & Estupiñan B, L. H. (2018). Evaluación in vitro de la capacidad biorremediadora de hongos filamentosos sobre petróleo crudo. Nova, 16(30), 37-58. Retrieved October 13, 2024, from http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1794-24702018000200037&lng=en&tlng=es.
Heredia-Abarca, G. (2020). La importancia de los hongos (Fungi) en los servicios ecosistémicos. Universidad Autónoma de Yucatán. Bioagrociencias, vol 23. https://www.revista.ccba.uady.mx/ojs/index.php/BAC/article/viewFile/3575/1534
Jabbar, N. M., Alardhi, S. M., Mohammed, A. K., Salih, I. K., & Albayati, T. M. (2022). Challenges in the implementation of bioremediation processes in petroleum-contaminated soils: A review. Environmental Nanotechnology Monitoring & Management, 18, 100694. https://doi.org/10.1016/j.enmm.2022.100694
Munnecke, D. & Huysmans, K. (1998). Fungal composting processes for polyaromatic hydrocarbons. Annual AAPG Conventions. Salt Lake City, Utah, USA. 5:17-20
Patowary, R., Patowary, K., Kalita, M. C., & Deka, S. (2018). Application of biosurfactant for enhancement of bioremediation process of crude oil contaminated soil. International Biodeterioration & Biodegradation, 129, 50-60. https://doi.org/10.1016/j.ibiod.2018.01.004
United States Environmental Protection Agency. (2012). Guía del ciudadano sobre la biorremediación. Office of Solid Waste and Emergency Response EPA 542-F-12-003S. https://19january2017snapshot.epa.gov/sites/production/files/2015-09/documents/epa-542-f-12-003s_guia_del_ciudadano_sobre_la_biorremediacion.pdf
Valenzuela F, E., Solís M, L., Martínez V, O., Pinochet T, D. (2006). Hongos Aislados Desde Suelos Contaminados con Petróleo. Boletín Micológico, 21. https://doi.org/10.22370/bolmicol.2006.21.0.242