Autora: Vianey Serrano Solimán
Que por pestaña’, niña,
que por pestañas
No hay niña que las tenga
por to’a la España
Y te voy pintando y pintando,
al ladico del brasero
Rosalía “Si tú supieras compañero”
Al ladico del brasero,
la humarada envuelve los contornos.
Al ladico del brasero,
una copa de yema destilada te espera.
Al ladico del brasero,
las tortillas de marchanta tatemadas se apilan.
Al ladico del brasero,
los 14 quilates del pipián verde destellan engalanados:
crudos, tostados y quemados; blanco, amarillo y rosado.
Al ladico del brasero,
el néctar de los tejocotes se filtra en mis uñas,
se engancha, escurre
y cae gota a gota en boca de las hormigas.
Al ladico del brasero,
el mole bravo recién preparado descansa;
también mi garganta.
Al ladico del brasero,
alineo en un buffet los tamales de puerco enchilados:
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de acelgas, verdolagas, lengua de vaca, berros, quelites y quintoniles.
Al ladico del brasero,
el piloncillo requema al dulce de calabaza.
Al ladico del brasero,
tres piezas de pan de fiesta sustituyen las hojaldras.
Al ladico del brasero,
tu café cocholateado se regocija dentro de la olla de barro.
Al ladico del brasero,
tu sarape gris con un león en el centro
acoge montañas de frutas crucificadas:
chiapanecos, machos, morados y dominicos;
naranjas, cañas, guayabas y mandarinas.
Al ladico del brasero,
una navaja multiusos afilada acompaña:
ámbar en bruto;
maíz, corazones, plumas, huesos y un cráneo, tallados también en ámbar;
rosas y gardenias de jabón;
en madera barnizada: el rostro de tu amada.
Al ladico del brasero,
selecciono sólo lo mejor de tu zoológico reciclado en miniatura.
Al ladico del brasero,
cuelgo mis intentos de colibrís coloridos en papel picado.
Al ladico del brasero,
tus nietos preparan un camino de vino de cempaxóchitl.
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Al ladico del brasero,
Ramón deshoja las flores enteras con sus garras.
Al ladico del brasero,
tu foto juzga la distribución, los niveles de dulce y picante,
los ingredientes, lo transgénico, lo orgánico y lo local.
Al ladico del brasero,
señalas la falta de olor del ámbar.
Al ladico del brasero,
mis mejillas chamuscadas avivan las brasas del fogón;
el incienso madura y se desparrama.
Al ladico del brasero,
mis huellas planchan un escapulario.
Al ladico del brasero,
mi alma quema tus pecados.
Al ladico del brasero,
te encaramas sobre la mesa.
Al ladico del brasero,
desfiguras la cruz salada.
Al ladico del brasero,
me miras desde lo alto.
Al ladico del brasero,
te vas borrando y borrando.
Sobre la autora: Vianey Serrano Solimán
Soy Vianey Serrano Solimán, estudiante de literatura. Mi principal interés en este momento es experimentar con las diferentes posibilidades que la escritura puede brindarme, en particular, mezclar los conocimientos teóricos o históricos que he adquirido en la carrera con la cultura popular que me rodea en mi vida diaria.