La muerte siempre es cruel con quien tiene que vivirla. Para mi consuelo, Ale, mi primo (tío en realidad, pero primo en la prác- tica) nunca le temió. Él falleció la semana pasada, en su cumplea- ños número 29 y ha sido el proce- so más difícil por el que he tenido que atravesar. Lo de menos es la muerte, lo que duele es que due- la y que aunque pasen los días, no deje de doler.
Trato con todas mis fuerzas de evitar la tortura mental y he fracasado. No dejo de pensar en todo lo que no le dije, en todo lo que no le repetí lo suficiente: que era mi persona favorita, que nunca estuve más orgullosa de él que hasta ahora, que lo admiraba y que lo quise tanto. No me dio tiempo de decirle que hice las paces con mi pasado (como él tanto me pedía), que voy a extrañar nuestras Navidades juntos, que ya no pudo verme graduada, que él ya no se graduó… que le tenía un rega- lo de cumpleaños (un libro de nuestro escritor favorito).
Su muerte, irónicamente me hizo pensar en mi vida, en lo que hago, lo que he dejado de hacer, en la gente que amo y en si ellos lo saben. La vida es demasiado corta para ser infeliz, para estar atado a cosas, personas, situaciones y sentimientos que nos hacen daño, para no sonreír, para no comer lo que te gusta, para guardar secretos, rencores, tristezas y heridas. La vida en verdad es muy corta y no sabemos aprender.
Ale siempre quiso que le dedicara una de mis columnas y nunca lo hice, nunca hasta hoy. Me hubiera encantado que pudieran conocerlo, de verdad era un hombre especial, era im- posible no quererlo, imposible no querer ser como él. Cuando le dije a mi mamá que quería – y que aún quiero – convertirme en escritora, fue él el que me dijo que compraría cada uno de mis libros si prometía escribir sobre él, si prometía hacerlo in- mortal. Era mi fan número 1 después de mi papá.
No sé si creo en Dios, la verdad hoy menos que nunca no sé en qué creer. Pero Ale creía y de verdad espero que tuviera ra- zón. Fue un hombre feliz, lleno de amor y como piloto que era, vivió enamorado del cielo en donde espero que esté. Ale, ojalá que el cielo exista, ojalá que estés allá y ojalá que las catarinas lleguen… ojalá que puedas volar. Te amo, lo sabías ¿verdad?
MARÍA FERNANDA SORIA CRUZ
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