Ipso facto

LaResistance

El esperar por las cosas forma parte del pasado. Lo lento se ha vuelto obsoleto y ahora, sólo valoramos –por sobre todo– la velocidad de las cosas: un celular rápido es más caro; un restaurante de pizzas basa su éxito en que te entreguen tu cena en un minuto (lo que te da más tiempo para hacerte pendejo); si una palomita no se convierte en dos, nuestra mente se deshace lentamente.

Esta mentalidad posmoderna y millenial se ve reflejada, claramente, en nuestra cotidianeidad. ¿Cuántos de nosotros no golpeamos los controles de la tele, como tortura por no cumplir su propósito en velocidad récord? Nos volvemos agresivos.

Pasar más de media hora en el tráfico es una tortura que aliviamos –parcialmente– mentando madres. En mis tiempos de educación básica, estar parado por el tráfico camino a la escuela, era algo digno de disfrutarse: me perdería valiosos minutos de mi primera clase del día y no podrían decirme nada porque “yo no controlo el tráfico”, podría escuchar la radio un rato más o simplemente podría disfrutar de una conversación profunda (de esas que sólo puedes tener en la mañana, bien jetón) con quienquiera que me estuviera acompañando. En su momento, claro, le menté la madre hasta al policía que me apuntaba con la ametralladora mientras escoltaba a algún escuincle a la escuela.

Sí, la velocidad es chida. Hubo un tiempo en el que ir de la CDMX (el D.F., pues) a Xalapa o a Puebla, implicaba ir en lomos de un animal –que olía feo y cagaba a su paso– durante días. Hace mucho tiempo, era necesario esperar un minuto o más para que los bulbos de un armatoste nos permitieran ver una imagen en movimiento. El internet (bendito sea), funcionaba por medio de la línea telefónica (era una chinga si tu mamá quería hablar con su comadre mientras tú chateabas en Messenger). Qué pinche hueva.

¿Será por esto que el cine se ha sobrepuesto a la literatura, pues dos horas pasan más rápido que 500 páginas? ¿Por esto, por hueva, hemos renunciado al magnífico sabor de la pizza a la leña, porque en Little Cesar’s existe el “hot’n ready”? ¿Qué vino es más rico: el que viene en Tetrapack, o el que lleva añejado varios años? (yo no sabría decirles) ¿Por qué los mensajes de texto son ahora versiones de un telegrama y han superado a las cartas, incluso al e-mail, en el que puedes escribir y escribir sentimientos, anécdotas… no sé, algo profundo? Nos hemos entregado completamente al ipso facto.

El problema de pasar nuestra vida con prisas es que nos olvidamos de ella, no nos damos cuenta de que estamos abrazando al padre y a la madre que en otro momento no podremos abrazar. Esa mesa llena de personas amadas pasará a ser poco más que otro recuerdo para guardar en el cajón. El beso y el abrazo no son más que un protocolo. “Estoy vivo” es algo que ya no nos recordamos a menudo. Hace poco hablaba de recuperar el tiempo de ocio, hoy hablo de darle sentido, para que sea “tiempo recreativo” y no sólo “hacerse pendejo”.

Eric H. Cetina

@ecetina1