Los fascistas y las palabras

Written by | Opinión

Hace unos meses, Jason Stanley publicó un ensayo en Project Syndicate (cuya traducción pueden encontrar en el número de este mes de la revista Nexos) donde recupera las ideas principales de su libro How Fascism Works: The Politics of Us and Them. Las ideas que reproduce son interesantes y algunas de ellas cuestionables, sin embargo, pone el dedo en el renglón al reconocer que las palabras son fundamentales para legitimar las peores agendas posibles.

La gran tarea de los nuevos fascistas es lograr la “respetabilidad”, que sus ideas racistas y xenófobas sean escuchadas sin ser descalificadas de origen. Su labor es legitimar su discurso. El fascismo pone la violencia como centro del debate porque solo en ese tipo de contextos ellos parecen pacíficos y logran posicionarse como aquellos que traerán el “orden”.

Stanley afirma que el fascismo se basa en la lucha darwiniana social, un idea que me recordó al célebre ensayo de Susan Sontag, “El fascinante fascismo” (1972), donde analiza la obra de Leni Riefenstein por la publicación del libro de fotografías sobre los Nuba en Sudán. Para Sontag, la persecución de figuras varoniles y “perfectas” era una característica recurrente en la obra cinematográfica de la cineasta favorita de Hitler.  

Riefenstein celebraba la virtud primitiva, y su retórica fascista se vislumbra cuando alaba el rito de batalla de los Nuba, donde el más apto, el más cotizado, quien resulta ser superior, es aquel que gana la batalla. Estas son claras ideas fascistas que uno puede ver también en El triunfo de la voluntad (1935) y en Olimpia (1936), así como en sus dos películas no propagandistas donde persigue la gigantesca montaña: Luz Azul (1932) y Tierra Blanca (1941-1954).

Una de la ideas cuestionables de Stanley es la asimetría que coloca entre el neoliberalismo y el libertarianismo, tratándolos prácticamente como sinónimos. El neoliberalismo es una corriente de pensamiento que supedita el liberalismo político al liberalismo económico, es un proyecto intelectual que se basa en el individualismo y la ficción de la meritocracia. Por otro lado, el libertarianismo es la culminación última de individualismo, donde el Estado solo debe proteger la propiedad y las transacciones de esta.

Poner ambos términos en el mismo nivel es un error, sin embargo, argumenta que un sistema como el neoliberal es la antesala de sistemas fascistas. Esta idea me parece aún más relevante que el matiz de términos que abordé arriba y es pertinente analizarla más a fondo.  

El punto más interesante del ensayo se resume en “la guerra semántica”, donde los fascistas han tomado una gran ventaja y han creado nuevas palabras, más agradables para las personas, más aceptables entre la sociedad para ganar respetabilidad y envolver sus ideas perversas en una nueva retórica.

Estos individuos vulneran la democracia con este juego de palabras y dominan el debate público. Aquellos personajes que inician una oración diciendo “no soy racista, pero [inserte comentario racista de su preferencia]” ocultan un profundo sentimiento antipluralista, base fundamental de cualquier movimiento xenófobo y racista. Base de cualquier movimiento fascista.

 

Alexis Murillo Corona

@AlexisMurilloC

alexis.murilloca@udlap.mx

 

Last modified: 19 marzo, 2019

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