Un mundo enfermo

Written by | Opinión

Casi cumpliendo mi primer año como columnista, he estado cada vez más sumergida en el mundo de las noticias. ¿Qué digo sumergida? ¡Más bien bañada en el océano de reportajes y columnas! He leído de todo, desde la publicación más minúscula en Facebook hasta piezas expositoras en los periódicos más reconocidos a nivel mundial. Con esto he sido expuesta a la parte más horripilante del mundo del reportaje: los comentarios.

Esos terribles, espeluznantes y odiosos comentarios. Creo que en el panorama mundial actual es muy difícil no encontrar a alguien quien no se haya topado con su buena cantidad de antivaxers, flat-earthers o neonazis. Estos viven de blogs, páginas de Facebook y comentarios en videos de YouTube. Agarran las noticias más insípidas y menos fundamentadas y deciden basar toda una ideología en estas. Admito que al inicio era divertido burlarme de ellos y compartir memes exponiendo su estupidez, pero ya la cosa se puso lo suficientemente fea. De Guatemala nos fuimos a Guatepeor y ya no podemos seguir bromeando e ignorando.

Les hablo de terrorismo local, del regreso del sarampión en comunidades donde ya había sido erradicado e, inclusive, les hablo de crímenes de odio inspirados por algunas idioteces en un blog. Con la libertad que nos presenta el internet, también encontramos peligro. El hecho de que yo pueda expresarme libremente en un medio como este, significa que una persona extremadamente radical y odiosa pueda compartir sus ideas también. Que quede claro: no estoy en contra de esto, sino contra la falta de educación que se le da a la población en cuanto a cómo discernir odio y fantasía de la realidad.

Tomamos una noticia en Facebook como si fuera un mandamiento presentado por el mismo Moisés. Los ponemos al lado de las leyes de la termodinámica y decidimos poner la vida de nuestros hijos en peligro porque una señora llamada Karen nos dice que Herbalife es mejor que cualquier vacuna. Créanme, entiendo el atractivo del internet. Nos hace dioses. Capaz de comentar, consumir, negar y impactar el mundo en el que vivimos sin ninguna consecuencia inmediata.

Es apenas que sitios como YouTube presentan pequeños anexos de información debajo de los videos más preocupantes como los de la teoría de la Tierra plana. Esto no es suficiente. ¿Cuántos niños vamos a dejar morir por viruela? ¿Cuántos ataques de terrorismo interno pasarán gracias a un blog? ¿Cuántos jóvenes se unirán a ISIS gracias a sus videos de reclutamiento?

Vivimos en un mundo enfermo. Un mundo con una propaganda nueva y constantemente mutante. Debemos llegar a un punto de control, de precaución, mientras nos cuidamos de la censura. Si no me creen, investiguen bien. Después de todo, para eso se debería usar el internet.

 

Anna Gabriella Cavagliano Martínez

@AnnaGabriellaCM

anna.cavaglianomz@udlap.mx

Last modified: 26 marzo, 2019

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *