NO SOMOS DE PIEDRA

cafeina-01

En apariencia, la realidad parece perfecta. No creo mentir si afirmo que a ninguno de nosotros nos falta gran cosa: somos jóvenes y estamos sanos, no necesitamos nada más y nuestra vida apenas empieza. Si tan utópico es el panorama, ¿qué podría salir mal? Tan mal que hoy en el mundo existen casi 115millones de jóvenes enfermos de depresión.

De entrada, me gustaría aclarar que estar triste no es estar deprimido, que estar deprimido no es sinónimo de estar loco y que, a veces, no es suficiente querer ser feliz para serlo. La depresión es una enfermedad: un trastorno del estado de ánimo al que todos podemos estar sometidos en algún momento de nuestra vida, y por el cual nadie debería ser juzgado.

Deportistas, famosos, millonarios, amas de casa, universitarios, niños, presidentes, y la lista continúa. Según la Organización Mundial de la Salud, 350 millones de personas tienen depresión en la actualidad. La mitad de ellos son jóvenes entre 13y 25 años, de cada diez personas, tres la experimentarán en algún punto. De cada diez personas deprimidas siete intentarán suicidarse y de esas siete, una en promedio lo va a conseguir. ¿Entonces siguen creyendo que es un juego?, ¿una forma desesperada de conseguir atención?, ¿una respuesta inmadura, débil y hasta tonta a un evento en particular?

No creo poder mencionar las causas de la depresión, sería difícil tratar de meterme en 350 millones de cerebros para poder enlistarlas, lo que sí puedo hacer es decirles que seguramente todas esas causas son justificadas, que nadie entiende lo que no vive, que puede curarse y que la enfermedad del siglo XXI no es mortal si no dejan que los controle por demasiado tiempo. Pidan ayuda, ayúdense. El resto de nosotros podríamos contribuir no siendo parte de la fuerza que apoya el estigma de la depresión. El resto de nosotros podríamos tomar la decisión consiente de madurar, parar de ofender y de juzgar.

A veces olvidamos que no tenemos por qué ser perfectos todo el tiempo: sentir está bien. Al final del día se nos olvida que no somos de piedra.

 

MARÍA FERNANDA SORIA CRUZ

maria.soriacs@udlap.mx