Cuarenta y seis días que todavía enfu- recen. Minuto a minuto, familias en- teras lloran la posible muerte de sus hijos, aunque se aferran a la última esperanza. A cada momento, los mexi- canos fuimos testigos, una vez más, de las atrocidades que se cometen en el país sin que haya justicia.
Restos irreconocibles de más de 40 personas nos hacen sentir repulsión. Sin importar las causas, nadie debería sufrir el tormento por el que pasaron. Durante los últimos días se han encon- trado decenas de fosas clandestinas con cuerpos irreconocibles, ¿quiénes son y por qué murieron? No se sabe.
Estamos seguros de una cosa: la im- punidad no puede seguir existiendo. La frustración y el miedo no deberían seguir permeando en la población mexicana. 43 familias exigen justicia. Pero todo el país también lo hace.
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